miércoles, 10 de octubre de 2007

La Revolución Industrial


INTRODUCCIÓN
La Revolución Industrial es el proceso de evolución que conduce a una sociedad desde una economía agrícola tradicional hasta otra caracterizada por procesos de producción mecanizados para fabricar bienes a gran escala. Este proceso se produce en distintas épocas dependiendo de cada país.

En la segunda mitad del siglo XVIII, en Inglaterra, se detecta una transformación profunda en los sistemas de trabajo y de la estructura de la sociedad. Es el resultado de un crecimiento y de unos cambios que se han venido produciendo durante los últimos cien años; no es una revolución repentina, sino lenta e imparable. Se pasa del viejo mundo rural al de las ciudades, del trabajo manual al de la máquina. Los campesinos abandonan los campos y se trasladan a las ciudades; surge una nueva clase de profesionales.

El concepto "revolución industrial" abarca dos fases: la primera Revolución (siglo XVIII y XIX) y su inevitable continuación, la Segunda Revolución Industrial (siglos XIX y parte del XX).

Los cambios que esta Primera Revolución industrial produce son de carácter irreversible, y alteran definitivamente las estructuras sociales y económicas previas.

REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

El país donde, por primera vez se produce esta acumulación de cambios, es en Inglaterra a finales del siglo XVIII; los niveles de producción y progreso alcanzados por este país serán pronto imitados por el resto de potencias europeas, pero la incorrecta o incompleta combinación de los factores no les permitirá alcanzar las cotas inglesas. Por lo que hablar de factores de la revolución industrial es hablar del caso inglés.

La vida social y las actividades económicas sufrieron cambios significativos por la aplicación de los progresos de la ciencia y la técnica en la industria.

Esta revolución viene a ser un proceso de cambio constante y crecimiento continuo donde intervienen varios factores: las invenciones técnicas ( tecnología) y descubrimientos teóricos, capitales y transformaciones sociales ( economía), revolución de la agricultura y al ascenso de la demografía. Estos factores se combinan y potencian entre sí, no se puede decir que exista uno que sea desencadenante.

Los medios de comunicación, los transportes y la metalurgia también mostraron grandes avances como consecuencia de esta revolución




Antecedentes

Algunos de los antecedentes de esta Revolución Industrial fueron:


Crecimiento de la población


Revolución agraria


Tecnología, máquina de hilar, máquina de vapor


Capital


Liberalismo económico

La revolución demográfica.

El aumento de los censos supuso el estímulo indispensable para la industrialización, porque sin demanda (mercado) suficiente no se hubiera producido la fabricación en serie. El aumento de la población se debió a varios motivos: reducción de la tasa de mortalidad, debida, no a aparición de vacunas ni de mejores medicamentos principalmente, sino a los avances en la higiene, como el empleo del jabón, el tratamiento de los abastecimientos de agua o los modernos sistemas de alcantarillado); este aumento de la población habría sido más acusado de no ser por algunos frenos poderosos: mortalidad infantil elevada ( sólo en los países que iban retrasados respecto a la revolución, que sufrían plagas de óbitos menores de 5 años); últimas hambrunas y epidemias. A pesar de estos frenos el potencial de crecimiento era indudable. Tanto, que alteró la hasta entonces existente relación población-trabajo en el campo, por lo que mucha mano de obra no pudo acceder al empleo en sus lugares de residencia (el campo está en fase de transformación y emplea menos mano de obra que anteriormente) y se vio forzada a la migración hacia las ciudades, donde las demandas de obreros y las posibilidades de mejora las atraían. El trasvase de mano de obra del campo a las ciudades ha de combinarse con las migraciones intercontinentales.

En Inglaterra el crecimiento poblacional fue espectacular durante el XVIII. (de 5,000,000 de habitantes a 10,000,000 en un siglo)

Revolución Agrícola

En cuatro pueden resumirse las aportaciones de la agricultura a la revolución: alimentos, mercado, capital y hombres. La denominada revolución agraria fue un fenómeno de progreso técnico: irrigación, rotación de cultivos, abonos, maquinaria. El aumento de la producción, especialmente del maíz, permitió el abastecimiento de las grandes urbes; el crecimiento fantástico de Londres requería comida.

Los cambios empezaron por el tipo de tenencia de la tierra: de los viejos y tradicionales openfields (tierras no cercadas, muchas veces de propiedad comunal no muy bien reglada, y con una producción destinada al abastecimiento de las necesidades de sus cultivadores o propietarios) se pasará al enclousure (campos cercados que establecen la propiedad privada demostrada legalmente y que destina su producción al comercio). Este cambio en el sistema de tenencia provocó:

los campos destinados a la ganadería desaparecen (ganadería pasa a estabulada)
Los sistemas de rotación y los cultivo cambian. Se produce un excedente de mano de obra al contratarse más por menos dinero ya que realiza más trabajo (mecanización), lo que abarata su precio y provoca el éxodo demográfico.
En segundo lugar la fuerza económica de los propietarios generó una capacidad de compra en las regiones rurales, configurando un voraz mercado interior, en una época en la que el mercado exterior resultaba inseguro,. Sin mercado no habría habido producción, pero tampoco hay producción sino hay capitales. Ahí entra de nuevo la agricultura al haber demanda, hay superávit y ese superávit se reinvierte en el campo en forma de mejoras técnicas para la propia agricultura, lo cual abarata más aún la producción de alimentos.

Una de las consecuencias en Inglaterra de estos cambios es la creación de un mercado interno al que abastecer y la desaparición de la dependencia de importaciones agrícolas del extranjero. Las grandes innovaciones técnicas que el capital permite son máquinas de sembrar, nuevos tipos de arado, bombas de drenaje, cosechadoras mecánicas. A su vez, la nueva coyuntura impone nuevos y más especializados cultivos con destino a las industrias.

Del Mercantilismo al Liberalismo económico

Desde los últimos años del siglo XVI se produjeron en Europa importantes cambios en la esfera económica: el comercio internacional, que hasta ese momento había estado controlado por España, Portugal y las ciudades de la península itálica, se desplazó hacia el norte de Europa.

En esos años surgió el mercantilismo, doctrina mercantilista o capitalismo mercantil; logró consolidarse en el siglo siguiente gracias a la alianza entre las monarquías absolutas y los comerciantes emprendedores, y continuó vigente durante parte del siglo XVIII.

El mercantilismo defendió la intervención del Estado en la economía, y proclamó que la riqueza y el poder de los países se miden de acuerdo con el oro y la plata que éstos posean.

A fines del siglo XVII, en Francia e Inglaterra comenzaron a aparecer severas críticas contra el mercantilismo. En Francia surgió la doctrina económica conocida como fisiocracia.

Debe entenderse como liberalismo económico a las ideas propuestas tanto en Francia como en Inglaterra, tendientes a sacudirse la intervención del Estado en la vida económica del país y dejar en plena libertad las acciones económicas, para que la riqueza se mantuviera en cada Estado, desde luego en beneficio de los sectores que controlaban el comercio, la industria y la banca.

En Inglaterra se puede considerar como precursor del liberalismo económico a David Hume, quien en su obra Discursos políticos establecía que el mejor camino para fortalecer la riqueza de las naciones era suprimir los frenos de cualquier tipo que pudieran detenerla; era partidario de incrementar la exportación de productos nacionales y de restringir la importación de artículos extranjeros.

El más notable defensor del liberalismo económico fue sin duda Adam Smith, quien fundamentó ampliamente esa teoría en su obra La riqueza de las naciones. Aunque aceptó muchas ideas de los fisiócratas franceses, entre ellas, la de la libertad personal, la ley natural y la desaparición del Estado como medio regulador, difería de los fisiócratas en relación con la importancia de la agricultura en la economía nacional, pues afirmaba que en la industria y en el comercio se fundamentaría la riqueza de las naciones. Sostenía que el gobierno debía evitar cualquier limitación en el comercio o industria particular. Finalmente aseguró que la riqueza de las naciones dependía de la mercancía producida, de la fuerza de trabajo necesaria para elaborarla.

Los avances tecnológicos

La creciente actividad del sector industrial crea una demanda de avances tecnológicos sin los cuales no se podría haber hecho frente al crecimiento. Los avances iniciales en labores agrícolas han de ser vistos desde esta perspectiva de demanda, lo que a su vez, al generar un desarrollo del sector puntero industrial (textil) genera nueva demanda de avances. La necesidad de producir más y más rápido genera una búsqueda de soluciones a problemas cotidianos que, a su vez, generan otras respuestas paralelas.

Los sectores más punteros del desarrollo industrial inglés son, sin duda alguna, el textil y el metalúrgico.

La máquina de vapor

El empleo de la energía producida por las calderas de vapor para mover las máquinas tejedoras y de hilar marcó el comienzo del extraordinario incremento de la producción y, al mismo tiempo, de la Revolución Industrial.

La máquina de vapor producía una corriente de vapor que permitía mover una rueda durante largo tiempo. Al principio esta máquina se utilizó en la industria textil y en las minas; más tarde se aprovechó también para el desplazamiento de algunos medios de transporte, como las locomotoras y las embarcaciones. La transformación industrial fue posible, en gran parte, gracias al uso de dos nuevas fuentes de energía: el vapor y el carbón mineral.

La utilización del vapor se dio gracias al invento de la máquina de vapor, la cual fue perfeccionada en 1769 por el inglés James Watt.

La industria del algodón

El primer paso en la transformación del sector textil inglés fue el cambio de materia prima: de la lana al algodón; los motivos son fáciles de entender: una exportación de este producto a Europa era impensable dada su abundancia, además, los primeros intentos de acelerar las labores y de mecanizar el proceso de hilado y tejido de lana demostraron la ineptitud de este material para este proceso; la abundancia de algodón en las colonias y lo fácil de traerlo de fuera (unido al hecho de que nadie podía producirlo como tejido a la velocidad que las máquinas inglesas lo hacían) le supuso hacerse con un producto sin competencia; la tecnificación al que se sometió el proceso de hilado y tejido demostró que se podía acelerar el proceso, fabricando más en menos tiempo y abasteciendo la demanda del sector comercial.

Los primeros procesos mecánicos a que se vio sometida la fabricación de textiles consistieron en la aplicación de energía no humana: norias movidas por agua, máquina de vapor, todas ellas imprimían un ritmo a la actividad para el cual la lana era inútil; el cambio por el algodón era inminente. La posterior introducción de una novedad en cualquiera de los dos procesos (hilado – tejido) imprimía la necesidad de otro cambio similar en el otro proceso (el acelerar el tejer hizo preciso producir hilo a mayor velocidad que a su vez dotaba de mayor materia para el hilado) Sumemos todos estos avances y observamos cómo la productividad se ha multiplicado, cómo los precios se han abaratado y crecido la oferta de productos; solo parece haber un punto negro: la mecanización está dejando sin trabajo a parte de la mano de obra que se ha trasladado desde el campo (con lo cual, al haber mayor oferta de mano de obra, caen los salarios que se pagan a los trabajadores); pero la demanda exterior se podía cubrir.

El capital

A fines del XVII había nacido el Banco de Londres y, a su sombra, multitud de pequeños bancos de actividad local y regional.

Las ganancias que el campo estaba produciendo con la comercialización de sus productos (de consumo e industriales) podría no haberse reinvertido y paralizar así todo el proceso de la revolución industrial, pero la aparición de una activa Banca reorienta estos capitales hacia la industria (lo que genera beneficios que a su vez son redistribuidos por la Banca hacia el comercio). La coyuntura es de abundancia de capitales, por lo que no es difícil conseguir capital para invertir. El mantenimiento del mercado hará necesaria una especial atención al comercio: las relaciones internacionales de Inglaterra en este momento permiten una navegación tranquila ( consecuencia del Tratado de Utrech), por lo que el comercio exterior inglés crece vertiginosamente hasta 1780; hasta 1750 se había venido centrando en exportar cereales y tejidos de lana, pero la reconversión de la actividad económica va a permitir a Inglaterra exportar tejidos de algodón (únicos en Europa) e importar cereales.

Industria siderúrgica

El segundo gran sector de crecimiento lo constituyen la hulla y el hierro. Desde los primeros años del siglo XVII comienza a escasear la madera, preocupados deciden encontrar otro combustible, buscan y buscan hasta que Darby consigue producir acero utilizando carbón como combustible. Otro de los grandes avances consistió en utilizar la máquina de vapor para inyectar aire al fuego, aumentando la temperatura de la combustión y permitiendo mayor temperatura en menor tiempo con menor combustible.

Así pues el carbón se impone, los centros industriales empiezan a establecerse en las cercanías minas. Por otra parte, los aperos de labranza, las máquinas de todos lo tipos, los raíles de las vías férreas... se construyen con hierro. Nace así la industria siderúrgica, convirtiéndose el hierro el material imprescindible. Así se dan constantes innovaciones técnicas, siendo un gran progreso la aplicación de la máquina de vapor. El desarrollo de este sector cubrió las demandas que la naciente industria textil efectuaba.

Los índices de producción de hierro fundido y acero señalan la jerarquía de las potencias industriales: la supremacía de Inglaterra, debido a los nuevos procedimientos, ya no importaba minerales.

El ritmo al que el consumo crecía incrementó los ritmos de extracción, posibilitados, a su vez, por los nuevos avances.

La era del raíl.

En las fases previas a la gran eclosión de la revolución industrial, observamos avances en los medios de transporte y facilidades para el comercio, abolición de aduanas interiores, canales fluviales, exclusas, carreteras de peaje construidas por las industrias pero sin duda alguna, y de manera emblemática, con una nueva fuente de energía la máquina de vapor, que pese a que se utilizó en la industria textil y en la siderúrgica, tuvo su mayor transcendencia e importancia en el transporte. Influyó en los barcos aunque donde más se dejó notar fue en el ferrocarril, en cuya expansión vemos tres motivos:


Técnica, la construcción de la primera locomotora significa una gran conquista de la ingeniería. En 1813 se efectúa algunos experimentos para transmitir la fuerza del vapor ( consiguiendo mover cargas 8 kms) 10 años después Stephenson aumenta la potencia. Así en 1825 circuló el primer tren minero y en 1830 el primer tren de pasajeros


Financiera, los grandes beneficios obtenidos del algodón y en la agricultura presionaban en el mercado en busca de inversiones. Los experimentos de Stephenson canalizaron el dinero hacia la construcción de vías férreas. En 20 años se construye una red completa, obteniendo beneficios e incrementando sus capitales. Además el ferrocarril permitió obtener mayores ganancias en la agricultura ya que motivó la especialización de las regiones.


Industrial, la industria siderúrgica encontró su posibilidad de expansión. El consumo de hierro y acero aumentó debido a las necesidades del ferrocarril. Hacia 1850 la siderurgia inglesa tenía una potencia que desbordaba su capacidad de consumo. Una parte se destino a EE. UU., India y algunos países europeos.

La destrucción del feudalismo y el desarrollo del capitalismo en Europa, modificaron primero las formas económicas, dando preferencia a la industria y el comercio sobre las antiguas actividades de carácter agrícola. En el siglo XVIII se produjeron tres importantes cambios más, que sirvieron para consolidar el sistema capitalista:

La Ilustración
En la política, se destruyeron las antiguas formas monárquicas de tipo absolutista, para dar paso a la igualdad entre los hombres.
Y la más importante transformación en la técnica de la producción, a la que se le ha llamado Revolución Industrial, y por la cual, mediante el empleo de las máquinas, se establecieron mejores condiciones para la industria, que pudo contar con mayores volúmenes de producción con el fin de satisfacer la demanda de los amplios mercados existentes en aquel entonces.
De la artesanía al sistema de fábricas

Antes de la Revolución Industrial las personas elaboraban en sus casas la mayor parte de los objetos que necesitaban, o bien los encargaban a los artesanos que tenían sus talleres individuales.

Con la fundación de nuevas ciudades, creció la demanda de los productos elaborados por los artesanos y con esto la organización de los talleres: cada taller tenía un maestro, un oficial y varios aprendices, cuando el oficial aprendía a manejar todas las herramientas, dominaba la técnica y conocía los secretos de su oficio llegaba a ser maestro y podía establecer su propio taller. Cuando fueron muchos talleres los que producían el mismo artículo, se organizaron en gremios para ayudarse y protegerse mutuamente.

Cuando Inglaterra inició el periodo de preponderancia industrial sobre todas las demás actividades del país, los talleres artesanales no pudieron competir con la fábrica ya que ésta producía más aprisa y a menor costo el artículo que ellos hacían en mayor tiempo y a más alto costo. Los artesanos cerraron sus talleres y solicitaron empleo en las fábricas, en un trabajo inseguro y bajo condiciones higiénicas y económicas inferiores.

La industria textil y poco después la minera y la metalúrgica fueron las que iniciaron esta revolución industrial.

Inglaterra fue el país donde se reunieron las condiciones que hicieron posible esta revolución. Para la primera mitad del siglo XVIII, Inglaterra había logrado conjuntar un poderoso imperio con una gran cantidad de colonias, las que representaron amplios mercados a cubrir por la empresa inglesa, que para lograrlo debería incrementar su producción. Fue también importante en este proceso la creación de compañías mercantiles en Inglaterra, pues ellas controlaron las materias primas y los mercados coloniales, y, gracias a esta acción, que implicó el saqueo de los territorios dominados, se acumularon grandes capitales en la metrópoli, con lo que se apoyó el proceso de la Revolución Industrial.

En parte, el crecimiento de la productividad se produjo por la aplicación sistemática de nuevos conocimientos tecnológicos y gracias a una mayor experiencia productiva, que también favoreció la creación de grandes empresas en unas áreas geográficas reducidas. Así, la Revolución Industrial tuvo como consecuencia una mayor urbanización y, por tanto, procesos migratorios desde las zonas rurales a las zonas urbanas. Se puede afirmar que los cambios más importantes afectaron a la organización del proceso productivo.

Como la Revolución Industrial se produjo por primera vez en Gran Bretaña, este país se convirtió durante mucho tiempo en el primer productor de bienes industriales del mundo. Durante gran parte del siglo XVIII Londres fue el centro de una compleja red comercial internacional que constituía la base de un creciente comercio exportador fomentado por la industrialización.

Efectos

Con la industrialización aparecen nuevos grupos sociales: empresarios y banqueros como elementos innovadores, además de obreros industriales. Es una sociedad más compleja, más dinámica. Esta sociedad es denominada sociedad de clases. La forman grupos abiertos, determinados fundamentalmente por la fortuna. El hombre con capacidad puede acceder a cualquier cargo de responsabilidad. En la realidad la igualdad de los hombres se redujo al ámbito de los principios teóricos, a la igualdad ante la ley. De hecho subsistieron grandes diferencias de fortuna y cultura entre las clases.

Se produjo una separación creciente entre capital y trabajo. El dueño disponía del dinero y era propietario de las máquinas, el proletario proporcionaba solo la fuerza de trabajo. A cambio del salario el proletario vende su fuerza de trabajo. Ante la competencia entre las empresas, se invierte en maquinaria, reduciendo al mínimo el coste de la mano de obra. Los salarios no eran fijos, podían reducirse por multas o por circunstancias totalmente ajenas a la vida de la empresa.. Además, la búsqueda de mano de obra más barata provocó el trabajo de mujeres y niños, que percibían salarios más bajos. La falta de horas de sueño, los trabajos inapropiados, la carencia de condiciones higiénicas... hicieron estragos; se legisló para proteger mujeres y niños y reducir horario de trabajo, pero estas legislaciones, en muchos casos, no pasaron del papel. Otro problema agobiante fue el de los horarios excesivos. El manejo de una máquina resultaba menos extenuante que el de una herramienta preindustrial, pero el alargamiento de la jornada anuló todas las ventajas.

Aunque en las ciudades mejoró el material con el que se construían las viviendas, en general empeoró el hábitat social. Engels denunció las condiciones de suciedad y hacinamiento en que vivía el proletariado inglés.

Algo es seguro: en los países en los que triunfó la Revolución industrial, la estructura social y económica preexistente quedó transformada, el taller artesanal fue sustituido por la fábrica, y la vida, centrada anteriormente en lo rural, pasó a ser eminentemente urbana.

Los efectos sociales de l a Revolución Industrial

Como consecuencia de las grandes transformaciones económicas derivadas de la Revolución Industrial, se produjeron también significativos cambios sociales, por ejemplo, la aparición de las fábricas y el crecimiento de las ciudades.

La industria doméstica y los talleres artesanales desaparecieron por la introducción y la instalación de numerosas fábricas. Esto obedeció a que la industria tradicional no podía competir contra las fábricas.

El desarrollo de la industria atrajo a miles de campesinos, los cuales emigraron del medio rural a las ciudades en busca de trabajo. Los centros urbanos crecieron con gran rapidez y de manera desordenada.

A medida que avanzó la urbanización se agudizó la separación entre los grupos acomodados, que habitaban en barrios confortables, y los obreros, condenados por la miseria a apretujarse en hileras de casas malolientes. El aire impuro que se respiraba en los barrios obreros y la carencia de servicios elementales, como agua potable y drenaje, acortaba la vida de sus habitantes.

Así, que las transformaciones ocurridas en Inglaterra propiciaron el surgimiento de la clase obrera y de la burguesía industrial en la segunda mitad del siglo XVIII.

La expansión del proceso de industrialización

Gran Bretaña no fue el único país que experimentó una Revolución Industrial. Los intentos de fechar ese desarrollo industrial en otros países están sujetos a fuertes controversias. No obstante, los estudiosos parecen estar de acuerdo en que Francia, Bélgica, Alemania y Estados Unidos experimentaron procesos parecidos a mediados del siglo XIX; en Suecia y Japón se produjo a finales del siglo; en Rusia y en Canadá a principios del siglo XX; en algunos países de Latinoamérica, Oriente Próximo, Asia central y meridional y parte de África a mediados del siglo XX.

En cada caso, el éxito del proceso industrializador dependía del desarrollo de nuevos métodos de producción, pero también de la modificación de las técnicas utilizadas para adaptarlas a las condiciones imperantes en cada país y de la propia legislación vigente, que favoreciera la implantación de maquinaria barata gracias a una disminución de los aranceles, lo que, en ocasiones, podría perjudicar a otros sectores sociales, como los campesinos, que veían cómo sus productos debían competir con otros más baratos.

Los obreros de la naciente industria

Los trabajadores de las fábricas recibían salarios miserables y carecían de protección en caso de paro, enfermedad o vejez. Además el gobierno no ejercía control alguno sobre las condiciones laborales: la contratación de niños y las jornadas laborales de hasta 14 hora diarias eran frecuentes.

En su obra La Revolución Industrial en Gran Bretaña, el historiados británico P. Deane describe con muchos detalles el desarrollo de las relaciones de trabajo entre los obreros de la naciente industria y los dueños de las fábricas.



El gobierno lo que hizo para detener las primeras reacciones de los obreros fue dictar leyes que prohibieran la asociación de trabajadores que tuvieran como propósito demandar mejores salarios y menos horas de trabajo; estas disposiciones no solucionaron los conflictos y aumentaron la inconformidad entre los obreros, hasta gestar luchas en contra de las máquinas, por considerar que éstas los desplazarían. El más importante de estos movimientos fue el Luddista, que entre los años 1811 y 1816 impulsó a los trabajadores a la destrucción de los bastidores y telares mecánicos.

Preocupados por las difíciles condiciones de trabajo que debían soportar, algunos obreros organizaron asociaciones para defender sus intereses. Las nacientes organizaciones solicitaron a los gobiernos de sus respectivos países el establecimiento de algunas leyes que reglamentaron las relaciones obrero-patronales, el reconocimiento del derecho de asociación y la reducción de la jornada laboral.

CONCLUSIONES

La revolución Industrial, vino para quedarse. Después de que éste se llevó a cabo, ocurrieron muchos cambios en varios aspectos, así como en lo social, lo económico y en lo tecnológico. La Revolución Industrial se inició en Inglaterra y se difundió por el resto de Europa y, posteriormente, por el mundo en general.

Fue gracias a la tecnología, por decirlo así, a la introducción de las máquinas a la industria, que se realizó la Revolución Industrial, también influyó el hecho del crecimiento demográfico, disminuyó la mortalidad, la gente se empezó a concentrar en los centros urbanos, así que también se puede decir que gracias a esta Revolución surgió el urbanismo.

Otro antecedente de la Revolución Industrial fue la revolución agraria, que gracias a esta transformación se permitió garantizar el suministro de los alimentos y mano de obra necesarias para las ciudades, se empezaron a usar las máquinas, la producción de los alimentos fue creciendo, también para así abastecer a la creciente población.

La producción de bienes pasó de ser una artesanía, que se producía familiarmente, a una industria, realizado por más gente, había más producción de bienes y era más económico.

Esto sucedió ya que con la fundación de nuevas ciudades, creció la demanda de los productos elaborados por los artesanos y con esto la organización de talleres.

Así que todo lo que conllevó a la Revolución Industrial va muy ligado entre sí, como es el crecimiento de la población llevó a que se fundaran nuevas ciudades, éstas crecían, se elevó la demanda de productos, para esto se requería de muchos obreros, por lo que se introdujo la tecnología a la industria.

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