miércoles, 21 de noviembre de 2007

El fin de la Guerra Fría


La muerte de Breznev a los 76 años en 1982 le sucedió Yuri Andropov, de 68 años, que murió dos años después en 1984. A Andropov le vino a sustituir Chernenko, que murió un año después en 1985.

El 11 de marzo de 1985, Mijaíl Gorbachov era elegido Secretario General del PCUS. La llegada de este dirigente al Kremlin fue el elemento clave que desencadenó un rápido proceso que acabó con el bloque comunista. Para aplicar las reformas de la perestroika, Gorbachov necesitaba una nueva política exterior que pusiera fin a la carrera armamentística acentuada bajo la presidencia de Reagan. Esta nueva actitud de Moscú implicó el fin de las tensiones del período anterior. No obstante, fue el fracaso de las reformas de Gorbachov en su país las que llevaron al colapso del bloque soviético y al fin de la URSS. La guerra fría terminaba por la implosión intencionada de uno de sus contendientes.

El "pensamiento político" de Gorbachov
Mijaíl Gorbachov fue nombrado Secretario General del PCUS el 11 de marzo de 1985. La situación a la que se enfrentaba el nuevo líder del Kremlin era de estancamiento económico y una sociedad con un elevado grado de alcoholismo.

Con un gasto de defensa que, según las fuentes, oscilaba entre el 16 y el 28% de su presupuesto, la URSS necesitaba urgentemente reducir sus gastos militares y enfocar sus inversiones a la economía soviética.


La reforma en la política exterior llegó antes que la perestroika (reestructuración) o la glasnost (transparencia) en la política interna. En julio de 1985, el ministro de asuntos exteriores soviético Andrei Gromiko fue sustituido por Eduard Shevarnadze. En octubre, el telegénico Gorbachov iniciaba lo que algunos denominaron una "ofensiva de encanto" visitando diversas capitales occidentales. En su primer encuentro con el presidente Reagan en Ginebra en noviembre de 1985, el líder soviético planteó la necesidad de la distensión y de la reducción de armamentos nucleares.

La tendencia apuntada por Gorbachov desde el inicio de su mandato se vio acrecentada por una serie de acontecimientos:

La catástrofe nuclear de Chernobil en Ucrania el 26 de abril de 1986 que provocó un escape radioactivo y obligó a la evacuación de más de medio millón de personas.
La decepción en la guerra de Afganistán.
Estos ejemplos de crisis tuvieron una resonancia multiplicada en la opinión pública soviética por la nueva política de glasnost impulsada por Gorbachov.
El fin del bloque comunista

La perestroika y la glasnost tuvieron una inmediata consecuencia en los estados satélite de la Europa del Este. La forma en que Gorbachov puso en marcha el desmoronamiento del bloque soviético fue simple: no hacer nada para ayudar los regímenes del Este europeo.

Polonia

Polonia fue el país que inició el proceso separatista. El gobierno comunista, dirigido por Jaruselzski, negoció con el sindicato Solidaridad de Lech Walesa. Los acuerdos de abril de 1989 significaron la apertura de un proceso de transición democrática.

Hungría

En Hungría en la primavera de 1989 se estableció el multipartidismo y en octubre de ese año el Partido Socialista Obrero Húngaro (nombre oficial del partido comunista) se disolvía y se aprobaba una nueva constitución.

República Democrática de Alemania

En la Alemania Oriental El líder de la RDA, Eric Honnecker, fue sustituido por un comunista reformista, Egon Krenz, quién tomó la histórica decisión de abrir el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.


Este acontecimiento abrió un rápido proceso de negociación entre las cuatro potencias vencedoras de la II Guerra Mundial y la RFA, dirigida por un canciller, Helmut Kohl, que era muy consciente de la oportunidad histórica que se le abría a Alemania. Finalmente el denominado Acuerdo 4+2 (EEUU, Reino Unido, Francia y la URSS más la RFA y la RDA) posibilitó la reunificación de Alemania el 3 de octubre de 1990. Esta reunificación fue más bien una absorción de la antigua Alemania comunista por la República Federal de Alemania: a cambio de un compromiso de limitación del poder militar alemán y del no estacionamiento de tropas de la OTAN en el territorio de la antigua RDA, la Alemania reunificada siguió siendo miembro de la OTAN y de la Comunidad Económica Europea.

Checoslovaquia

La denominada "Revolución de Terciopelo" llevó a finales de 1989 a la presidencia de la Asamblea legislativa al héroe de la Primavera de Praga, Alexander Dubcek, y a la jefatura del gobierno a Vaclav Havel.

Bulgaria

Un golpe dentro de la dirección del partido comunista, alentado por Gorbachov, derrocó al líder Todor Yivkov y llevó al poder a Petar Mladenov, un comunista reformista.

Rumanía

El 21 de diciembre Nicolae Ceaucescu y su mujer Elena fueron apresados, juzgados sumariamente y ejecutados el 25 de diciembre.

La revolución rumana, que causó cerca de dos mil víctimas, puso fin al ciclo revolucionario de 1989 en la Europa oriental.

Albania

En la pequeña Albania hubo que esperar un año más para que el régimen instaurado por Enver Hoxha terminara cayendo.

El fin de la Unión Soviética
La guerra fría terminó por la implosión de uno de sus contendientes. El proceso de reformas iniciado por Gorbachov en 1985 provocó la autodestrucción del sistema, siendo el nacionalismo el factor incontenible de disgregación del estado soviético.

Cuando en febrero de 1990 se convocaron elecciones pluralistas en Lituania, Letonia, Estonia y Moldavia ganaban las fuerzas políticas nacionalistas. Lituania declaró inmediatamente su independencia, sentando un precedente para las demás repúblicas que constituían la URSS.

El sector duro del PCUS, en el que se encontraban muchos de los altos cargos del gobierno, dio un golpe de Estado en agosto de 1991, mantuvo a Gorbachov bajo arresto domiciliario e intentó reinstaurar el control. En tres días los reformistas encabezados por Borís Yeltsin detuvieron el golpe y comenzaron a desmantelar el aparato del partido. Con la URSS al borde del colapso, el Congreso de Diputados del Pueblo acordó el 5 de septiembre establecer un gobierno provisional en el que el Consejo de Estado, encabezado por Gorbachov y compuesto por los presidentes de las repúblicas participantes, ejercería poderes de emergencia. Al día siguiente, el Consejo reconoció la independencia de Lituania, Estonia y Letonia.

La creciente influencia de Yeltsin acabó con la de Gorbachov, y el gobierno de la Federación Rusa asumió los poderes que había ejercido el desaparecido gobierno soviético. El 21 de diciembre de 1991 la URSS dejó formalmente de existir. Once de las doce repúblicas que habían permanecido casi hasta el final integrando el Estado soviético (Georgia había declarado su independencia en abril de ese año), Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguizistán, Moldavia, Rusia, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán; acordaron crear la llamada, de forma imprecisa, Comunidad de Estados Independientes (CEI). Gorbachov dimitió el 25 de diciembre y al día siguiente el Congreso de Diputados del Pueblo proclamó la disolución de la URSS.

El fin de la guerra fría y sus repercusiones en el mundo
La desmembración de la URSS dejó a EEUU como la única superpotencia mundial. En adelante, Washington podrá ejercer el papel de "gendarme mundial" sin miedo a la concurrencia de otra superpotencia.

La guerra del Golfo (1990-1991)

Cuando Saddam Hussein invadió el 2 de agosto de 1990 el pequeño estado de Kuwait para tratar de paliar las enormes pérdidas ocasionadas por la guerra que había enfrentado a Irak con Irán no tuvo en cuenta la nueva situación creada con el fin de la guerra fría.

La ONU -siguiendo las propuestas de EEUU- condenó la agresión, decidió sanciones económicas y, finalmente, autorizó la intervención militar. Así, el presidente Bush pudo articular una gran coalición internacional. Además de sus aliados tradicionales en la OTAN, la URSS y los nuevos regímenes de Europa oriental, Egipto y una mayoría de los países árabes, Japón y los nuevos países industrializados de Asia buscaron la alianza y la amistad con la superpotencia.

El desenlace la guerra era previsible. Saddam Hussein apenas pudo lanzar algún misil Scud sobre Israel, en su mayoría interceptados por los antimisiles norteamericanos Patriot. Tras un intensísimo bombardeo iniciado el 15 de enero de 1991 cuando concluía el ultimátum lanzado por la ONU, las tropas de la coalición liberaron con gran facilidad el territorio kuwaití. Para la sorpresa de muchos, las tropas norteamericanas no continuaron su camino hacia Bagdad y permitieron que Saddam continuara en el poder. El 28 de febrero se acordó un alto el fuego en un conflicto inacabado que no iba a concluir aquí.

Europa
En nuestro continente el fin de la guerra fría provocó básicamente dos reacciones contrapuestas:

En occidente se acentuaron los procesos de integración. Tras la firma del Acta Única en 1986, los doce países asociados en la Comunidad Económica Europea firmaron el Tratado de Maastricht de 1992 que daba nacimiento a la Unión Europea. Tres años después la Unión se ampliaba a Suecia, Finlandia y Austria.
Mientras en la Europa central y oriental, el fin de los sistemas socialistas y de la URSS abrió un período de disgregación política. En algún caso fue un proceso pacífico como el "divorcio amistoso" entre la República Checa y Eslovaquia en 1993, en el caso de Yugoslavia abrió un proceso desgarrador que trajo de nuevo la guerra a Europa tras un período de paz iniciado en 1945. La caída del régimen comunista organizado por Tito despertó los enfrentamientos nacionalistas entre los pueblos de la Federación Yugoslava.

El Período de Entreguerras (1919-1939)


Los primeros años de la posguerra estuvieron marcados por la dificultosa aplicación de los tratados de paz de 1919. Sin embargo, la segunda mitad de los años veinte abrió un período de concordia internacional que ilusionó a los contemporáneos. La depresión de 1929 y el ascenso de Hitler al poder demostraron el carácter efímero de este tiempo de armonía. Los años treinta prepararon el camino a una segunda y aun más destructiva conflagración mundial.

Los problemas de la posguerra (1919-1923)

Los tratados firmados tras la Conferencia de París no sirvieron para crear un marco de estabilidad internacional. En un contexto de graves dificultades económicas, la situación política mundial se caracterizó por la existencia de múltiples conflictos pendientes, la dificultad en la aplicación de los tratados y la segura aparición de importantes tensiones internacionales.

El nacimiento de la Sociedad de Naciones
La Sociedad de Naciones, el sueño del presidente norteamericano, Woodrow Wilson, nació en la Conferencia de París. Por primera vez en la historia se concretaba algo que muchos pensadores anteriores habían anhelado: una suerte de gran instancia internacional en la que se discutieran los grandes problemas y se solventaran pacíficamente los conflictos. Por fin, los principales países del planeta se habían puesto de acuerdo para crear una Sociedad que tuviera como fin resolver los contenciosos entre los estados.





Muy pronto, sin embargo, se vino abajo el sueño. La Sociedad de Naciones tomó pronto el aspecto de una sociedad de vencedores: a la negativa a aceptar el ingreso de Alemania y la Rusia soviética, se le unió la renuncia norteamericana a participar en el gran proyecto que había diseñado su presidente. Sólo Gran Bretaña y Francia se mantuvieron en una asociación que se reveló como inoperante. La ausencia de potencias clave en el concierto mundial y la carencia de medios militares y económicos para hacer aplicar sus resoluciones nos explican la escasa incidencia de la labor de la Sociedad de Naciones en las relaciones internacionales.

Las tensiones en los territorios del antiguo Imperio Austro-Húngaro

La ruptura y desintegración del más antiguo imperio europeo tenía que venir acompañada de fuertes tensiones entre los países que heredaron su territorio. Veamos, sin ánimo exhaustivo, algunos ejemplos.

La pugna italo-yugoslava por los territorios del norte del Adriático

Es un buen ejemplo para mostrar la enredada madeja de compromisos previos y principios políticos generales en la que se basó el debate en la Conferencia de París. En el Tratado de Londres (1915) a Italia se le había prometido la anexión de la península de Istria, al norte del Adriático. Estas pretensiones, sin embargo, chocaban con el respeto al principio de las nacionalidades defendido por Wilson. El presidente norteamericano, con el apoyo de las autoridades yugoslavas, propuso una línea fronteriza, la línea Wilson, que dejaba todo el sureste de Istria en manos de Belgrado.

La indignación que despertó en Italia la nueva situación llevó a que la delegación transalpina abandonara la Conferencia de París durante dos semanas (del 24 de abril al 7 de mayo de 1919). El 12 de septiembre, complicando aún más la situación, el poeta nacionalista italiano Gabriele D'Annunzio ocupaba con un grupo de voluntarios el puerto de Fiume (actual ciudad de Rijeka en Croacia).

La complicada situación se resolvió finalmente con la firma del Tratado de Rapallo (1920). Ni los italianos, que renunciaban a la anhelada región de Dalmacia continental, ni los yugoslavos, que veían la nueva frontera entre ambos estados desplazado al este de la Línea Wilson, salieron contentos del arreglo. D'Annunzio fue finalmente desalojado del Fiume por tropas italianas que ocuparon la ciudad. Fiume fue declarada ciudad independiente.

Esta crisis mostró claramente el descontento nacionalista que se desarrolló en Italia tras el conflicto. Apoyándose en este sentimiento, Benito Mussolini lanzará su desafío al estado liberal italiano y alcanzará el poder en 1922. Bajo la presión del gobierno fascista, Yugoslavia cedió finalmente reconociendo la soberanía italiana en Fiume. Un nuevo tratado italo-yugoslavo se firmó en Roma en 1924.

La lucha entre Polonia y Checoslovaquia por el territorio de Teschen

Rica región industrial, Teschen enfrentó a los nuevos estados polaco y checoslovaco tras la primera guerra mundial. Los polacos reclamaron el territorio basándose en el principio de las nacionalidades (55% de polacos, 27% de checos y 18% de alemanes), mientras que el gobierno de Praga basó su reivindicación en la pertenencia histórica del territorio a Bohemia.

En noviembre de 1919, los ejércitos de ambos países entraron en el territorio, procediéndose a una división provisional que favoreció a Checoslovaquia y que terminó por hacerse definitiva.

La cuestión húngara

Hungría fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes perdedores de la Gran Guerra. Proclamada la república de Hungría, el 16 de noviembre de 1918, dos tercios del territorio húngaro fueron ocupados por tropas serbias, checas y rumanas. El caos de la derrota propició la efímera revolución comunista de Béla Kun (marzo 1918). El terror implantado por la república soviética provocó el antagonismo de gran parte de la población. Finalmente, el 4 de agosto, Béla Kun y sus seguidores abandonaron Budapest ante la llegada de un ejército rumano, que ocupó la ciudad dos días más tarde. Las presiones aliadas consiguieron que los rumanos abandonaran la capital y finalmente se instituyó un gobierno dirigido por el almirante Miklós Horthy, quién se vió forzado a firmar el durísimo Tratado de Trianon en junio de 1920. Hungría quedó reducida a un pequeño estado de 92.000 kilómetros cuadrados y millones de húngaros quedaron fuera de sus fronteras en Checoslovaquia, la Transilvania rumana o Yugoslavia.



El gobierno de Horthy intentó restaurar como Rey de Hungría al antiguo emperador Carlos Habsburgo a la vez que trataba de conseguir una revisión de las fronteras establecidas en el Tratado de Trianon. La reacción de los países afectados fue inmediata: en agosto de 1920 se constituyó la Pequeña Entente. Checoslovaquia, Yugoslavia y Rumania firmaron un pacto defensivo contra las aspiraciones húngaras de revisar los tratados de paz. Tras algunas dudas, Francia brindó su apoyo a la nueva alianza.

La política de alianzas de Francia e Italia en la Europa central
Francia, siempre ante la perspectiva de la amenaza alemana, buscó establecer una red de alianzas con los nuevos países surgidos entre Alemania y Rusia. Se trataba de buscar aliados que rodearan a una Alemania que ansiaba revisar el Tratado de Versalles. Es evidente que la gran alianza franco-rusa de 1893 estaba implícita en las maniobras de la diplomacia gala. No obstante, Francia pronto se apercibió de que había dos grandes diferencias con respecto a las alianzas previas a la Gran Guerra: por un lado, ninguno de los nuevos países tenía un potencia comparable a Rusia, por otro, estos nuevos países estaban enfrentados entre sí por múltiples conflictos de tipo nacionalista.

Pese a todas las dificultades, Francia, por medio de su ministro de asuntos exteriores, Berthelot, firmó un tratado de alianza con la Polonia de Pilsudski en 1921. La alianza implicaba un tratado secreto militar contra Alemania. En 1924, el gobierno francés amplió sus alianzas a Checoslovaquia, lo que indirectamente le ligaba a la Pequeña Entente nacida en 1920. Pese a sus intentos de conciliar a sus dos nuevos aliados, el conflicto de Teschen impidió una alianza entre Varsovia y Praga.

Mientras tanto, Italia vencedora en la guerra pero descontenta con los tratados, establece una red de acuerdos diplomáticos con los países de la Europa danubiana perdedores en la guerra y descontentos con el "statu quo". Roma firma acuerdos con Hungría, Austria, Bulgaria y Albania.

Podríamos resumir la situación de la siguiente manera: mientras que Gran Bretaña se mantiene al margen de estas alianzas orientales en las que no tiene ningún interés especial, Francia, buscando mayor seguridad contra Alemania, busca aliados entre los países satisfechos con la nueva situación creada tras la guerra. Por el contrario, Italia, quejosa por la situación surgida de la Conferencia de París, trató de establecer acuerdos con los países descontentos.

El problema de las indemnizaciones: el plan Dawes

A principios de 1924, todas las grandes potencias buscaban un acuerdo que permitiera alcanzar la estabilidad monetaria internacional. Gran Bretaña trataba de restablecer el patrón-oro, Estados Unidos necesitaba estabilidad monetaria para colocar en Europa sus excedentes financieros, Alemania necesitaba absolutamente préstamos internacionales para tratar de asentar su nueva moneda, el Rentenmark, que acababa de sustituir a un marco sin valor alguno, y, por último, Francia debía tomar medidas para salvar al franco, muy debilitado tras la invasión del Ruhr.

Los países anglosajones, Gran Bretaña y especialmente la gran potencia estadounidense, van a intervenir forzando a Francia y a Alemania a la negociación. Francia ya no tenía fuerzas para continuar con su política de ejecución de los tratados. Para muchos historiadores nos hallamos en un momento clave: en adelante Francia inicia una política exterior de subordinación a Gran Bretaña, consciente de su debilidad y de que la recuperación económica llevará a Alemania a constituirse de nuevo en una enorme amenaza, el gobierno de París inicia un periodo de subordinación a la política de Londres. Esta nueva postura, como veremos, será clave para entender las políticas aplicadas en los años treinta ante la creciente amenaza hitleriana.

En el verano de 1924 se reunió la Conferencia de Londres con el objetivo de aplicar el denominado Plan Dawes. El plan, redactado por un comité presidido por el financiero norteamericano Charles Dawes, significó esencialmente una notable reducción del volumen total de las deudas alemanas y un importante flujo de inversiones norteamericanas en Alemania con el objetivo de reflotar la economía germana. Se trataba básicamente de poner de nuevo en funcionamiento el sistema financiero mundial: los norteamericanos prestaban e invertían en Alemania, para que su renacida economía fuera capaz de cumplir con la obligación de las reparaciones y, así, los países europeos de la Entente (Francia, Italia, Gran Bretaña) pudieran pagar las deudas adquiridas con EE.UU. durante el conflicto.

La economía europea recibió alborozada el nuevo ambiente de concordia y colaboración. A partir de 1924 se inicia un corto periodo de bonanza económica. La euforia económica tuvo su correspondiente euforia política.

El Tratado de Locarno
La propuesta de Gustav Stresemann en febrero de 1925 de llegar a un reconocimiento legal de las fronteras occidentales establecidas en el Tratado de Versalles, encontró una rápida respuesta de Aristide Briand, recién nombrado ministro de asuntos exteriores en París. Las negociaciones iniciadas culminaron con la reunión de los representantes de las grandes potencias en la ciudad suiza de Locarno durante el mes de octubre de 1925. Gustav Stresemann por Alemania, Aristide Briand por Francia, Austen Chamberlain por Gran Bretaña, Benito Mussolini por Italia y Émile Vandervelde representando a Bélgica debatieron los grandes temas que afectaban a la seguridad europea.

Los Tratados de Locarno fueron finalmente ratificados y firmados en Londres en diciembre de 1925.

El principal de los tratados firmados en Locarno es el pacto de garantía mutua de las fronteras occidentales de Alemania, incluyendo la zona desmilitarizada de Renania. Alemania, por primera vez, aceptaba de iure sus fronteras con Francia y Bélgica aprobadas en Versalles. Los tres países interesados firmaron el tratado, junto al Reino Unido e Italia que harían el papel de garantes del tratado.

La gran debilidad de los Tratados de Locarno fue que Alemania no quiso ni oír hablar de firmar pactos similares con respecto a sus fronteras orientales. Alemania nunca reconoció sus nuevas fronteras con Polonia y Checoslovaquia, y, allí, efectivamente se inició la crisis que llevó a la segunda guerra mundial.

Pese a todo, Locarno marcó el inicio de un nuevo período de distensión, lo que los historiadores han denominado la era Briand-Stresemann, por el papel clave que jugaron los jefes de las diplomacias francesa y alemana en los años subsiguientes. Un nuevo espíritu de concordia, el espíritu de Locarno, dominó la escena internacional hasta la llegada de la depresión económica en 1929.

La era Briand-Stresemann
El primer gran acto de este periodo es el ingreso de Alemania en la Sociedad de Naciones. La emotiva sesión de la Sociedad en Ginebra tuvo una gran resonancia internacional. Briand dio la bienvenida a su colega germano y Stresemann respondió con un discurso en el que exclamó: "¡Abajo los fusiles, las ametralladoras y los cañones! ¡Paso a la conciliación, al arbitraje y a la paz!". El ingreso de Alemania, además de dar mayor credibilidad a la Sociedad de Naciones, significaba el reconocimiento del status de gran potencia al país germano.

En este nuevo ambiente internacional, en 1927 Briand entró en contacto con su colega norteamericano Frank Kellogg, de estos contactos nació el denominado Pacto Briand-Kellogg, firmado solemnemente en agosto de 1927. Este acuerdo, que no tenía importante contenido real, tenía, sin embargo, un importante valor simbólico y ejemplificador: Francia y EE.UU. renunciaban a la guerra como medio para solucionar cualquier diferencia entre ambos países. París y Washington invitaban a los demás estados a adherirse a este pacto que declaraba ilegítima a la guerra. En 1929, más de 60 países, entre ellos Alemania, habían firmado el pacto.

Briand, que había tomado contacto con el conde Coudenhove-Kalergi, líder del movimiento Paneuropa, pronunció en septiembre de 1929 un discurso en la Asamblea General de la Sociedad de Naciones en el que proclamaba la necesidad de constituir una Unión Europea. Este es uno de los últimos momentos del espíritu de Locarno, el estallido de la crisis económica hizo que la propuesta de Briand cayera en el vacío. Al año siguiente, en septiembre de 1930, el ambiente internacional era muy diferente y la propuesta de Briand fue retirada.

Stresemann, mientras tanto, llevaba a cabo una decidida política de revisión del Tratado de Versalles. Fortalecida en su posición internacional, contando con la comprensión de los países anglosajones y con una economía en crecimiento, Alemania tenía cada vez más poder para incidir en las grandes decisiones internacionales. Fruto de la labor diplomática de Stresemann fueron la evacuación de las tropas aliadas que aún quedaban en Renania en 1930 (cinco años antes de lo estipulado en el Tratado de Versalles) y una nueva renegociación del pago de las reparaciones, concretada en llamado Plan Young de 1929. En este nuevo arreglo, en el que se reducía el monto total de las reparaciones, se preveía que Alemania pagara indemnizaciones a los vencedores ¡hasta 1988!

La depresión económica que estaba a punto de estallar al otro lado del Atlántico vino a poner fin no solo a las previsiones del Plan Young sino también al corto periodo de concordia internacional que había disfrutado el mundo.

Los últimos momentos de concordia: la evacuación de Renania y el Sarre
Como ocurre en muchos otros periodos históricos, no es fácil establecer claramente las etapas en que podemos dividir la evolución histórica. No se pasó evidentemente en un día del Espíritu de Locarno a la infernal dinámica que llevó a septiembre de 1939. Pero, ¿dónde poner los límites a ese corto periodo de transición de la concordia al inicio del camino hacia la guerra? ¿En la Moratoria Hoover de 1931 o la Conferencia de Lausana de 1932 que ponían prácticamente fin al pago de reparaciones alemanas? ¿En la invasión japonesa de Manchuria en 1931? ¿En el fin de todo tipo solidaridad económica en la Conferencia Económica Internacional?.¿En el fracaso de la Conferencia Internacional de Desarme en 1933?.¿En el establecimiento del servicio militar obligatorio en Alemania en 1935?.

Me he inclinado por el año 1933 como el año clave que marca un antes y un después. Entre todos los graves acontecimientos de ese año hay uno que claramente destaca y lo singulariza como un año trágico: el ascenso de Hitler a la cancillería alemana el 30 de enero de aquel año.

Cuando el 17 de mayo de 1930 se firma el protocolo definitivo del Plan Young está teniendo lugar uno de los últimos momentos de concordia en Europa. Inmediatamente Edouard Herriot, el primer ministro francés, ordena la evacuación de las últimas tropas de ocupación en Renania. En diciembre las tropas francesas abandonan la región del Sarre, zona que, sin embargo, continuó bajo la administración económica francesa hasta 1935.

Estas medidas no pueden ocultar el rápido enfriamiento de las relaciones franco-alemanas. La muerte de Gustav Stresemann, el 3 de octubre de 1929, distanció más a dos países que ya en aquel momento se miraban con creciente recelo. La repercusión de la crisis de 1929, especialmente virulenta en Alemania, puso fin definitivo al edificio diplomático construido en los efímeros años de concordia. La trayectoria de Aristide Briand es una clara muestra del dramático cambio que vivía Europa: duramente derrotado en las elecciones presidenciales de 1931, abandonó la política y murió en marzo de 1932. Los tiempos no estaban para concordia ni para proyectos de unidad europea. Eran tiempos de nacionalismo y de soluciones violentas.

La repercusión de la crisis económica: el fracaso de la Conferencia Económica Internacional
La devastadora crisis iniciada en EE.UU. en 1929 arrasó cualquier idea de cooperación y solidaridad económica. Las grandes potencias se embarcaron en políticas económicas basadas en la elevación de aranceles para limitar las importaciones y en la devaluación de las monedas para facilitar las exportaciones. Estas políticas de nacionalismo económico se daban en un marco de desorden monetario general.



El último intento de conciliación tuvo lugar en la Conferencia Económica Internacional que tuvo lugar en Londres en julio de 1933. Su fracaso fue rotundo, a partir de ahí el sálvese quien pueda fue la regla general. Las posturas insolidarias se generalizaron en todas los países y desde todas las perspectivas ideológicas. Gran Bretaña se replegó en el Imperio adoptando una política de preferencia imperial y poniendo fin a una larga tradición librecambista, el New Deal de Roosevelt tenía una clara tendencia aislacionista, y, lo que era más grave, en Alemania, duramente golpeada por la depresión, se impuso una política de autarquía y rearme.

La fallida Conferencia Internacional de Desarme
En un claro ambiente de creciente insolidaridad se reunión en Ginebra en febrero de 1932 una Conferencia en la que estaban representados 62 países. Alemania desde un principio exigió la igualdad de derechos con las demás potencias y la reducción de armamentos de los demás países al mismo nivel que el Tratado de Versalles le había impuesto a ella. Los países anglosajones, mientras tanto, parecían más preocupados por la posible hegemonía francesa que por el posible rearme alemán. La URSS, mientras tanto, pedían un desarme total e inmediato.

En este ambiente caótico se discutieron diversos planes contrapuestos. Alemania, cada vez más exigente, se retiró y volvió a las negociaciones. Mientras tanto, el 30 de enero de 1933, Hitler era nombrado canciller: el 14 de octubre, Alemania abandonó la Conferencia de Desarme y pocos días después la Sociedad de Naciones. En adelante, la perspectiva de la guerra se fue haciendo cada vez más nítida en las cancillerías europeas.

El expansionismo japonés: la ocupación de Manchuria (1931)
En 1931 tiene lugar la primera de la serie de crisis que jalonan el camino hacia la segunda guerra mundial. Japón, con viejas aspiraciones expansionistas en el Extremo Oriente, vio como la crisis económica le golpeaba de una forma importante. Un país superpoblado y con escasas materias primas sufrió especialmente la contracción del comercio mundial.

El nacionalismo agresivo y expansionista se convirtió en la corriente ideológica imperante en el archipiélago, muy especialmente en el Ejército. Desde 1930, el gabinete ultranacionalista de Inukai Tsuyoshi puso sus ojos en China, un enorme país debilitado por una larga guerra civil. Así, aprovechando un incidente menor, el ejército japonés en el otoño de 1931 procedió a invadir la región norteña china de Manchuria.

La reacción china fue inmediata y apeló a la Sociedad de Naciones. Esta formó una Comisión, presidida por el británico Lord Lytton, que, de forma muy conciliadora con los intereses japoneses, procedió a estudiar la situación. Sin embargo, el gobierno de Tokyo continuó con una política de hechos consumados: en marzo de 1932, decretó la independencia de Manchuria con el nombre de Manchukuo y estableció gobierno títere del emperador Pu-Yi, antiguo emperador chino destronado en 1912.

La tibia reacción de la Sociedad de Naciones no impidió que, en marzo de 1933, Japón abandonara la organización con sede en Ginebra. Muy pronto le seguiría la Alemania de Hitler. En adelante, la Sociedad creada en 1919, recién acabada la guerra que pondría fin a todas las guerras se reveló como un organismo inoperante. La crisis de Abisinia en 1935-1936 significará su fin definitivo.

La ocupación japonesa de Manchuria cambió el equilibrio de poder en el Pacífico. Japón se liberó de las restricciones acordadas en la Conferencia de Washington en 1922 y se colocó en una posición estratégica favorable para una ulterior guerra contra China.

La política germana (1931-1935)
El impacto de la depresión y la muerte de Stresemann provocaron en Alemania un claro endurecimiento en sus posiciones exteriores, perceptible antes de la llegada al poder del nacionalsocialismo. El decidido propósito de acabar con el pago de las reparaciones, alcanzado tras la Moratoria Hoover y la Conferencia de Lausana; el proyecto de unión aduanera con Austria, frenado por la acción conjunta franco-británica; y la exigencia de igualdad de derechos con las demás potencias en el terreno armamentístico marcan la política iniciada por el canciller Brüning en 1930.

La llegada de Adolf Hitler a la cancillería trajo, no obstante, un nueva política exterior que, más allá de los bandazos tácticos del Führer, reflejaba las ideas expansionistas y militaristas expresadas por el dictador nazi en su Mein Kampf. Hitler tenía como objetivo central destruir el orden de Versalles, y para ello se planteó dos metas inmediatas: crear unas fuerzas armadas poderosas y anexionar al Reich los territorios fuera de él habitados por población germana.



El abandono de la Conferencia de Desarme y de la Sociedad de Naciones en 1933 fueron las primeras actuaciones de la nueva política exterior de Alemania. A la vez, aunque aún de forma muy prudente, Hitler inicia el rearme clandestino.

Hitler, sin embargo, no podía ser muy agresivo en sus primeros momentos en la cancillería. Necesitaba ante todo asentar su poder en Alemania. Así, su primera jugada diplomática fue moderada y hábil. En enero de 1934, Alemania y Polonia, representada por su ministro de exteriores Josef Beck, firmaron un pacto de no agresión. Ambos países, afirmaba el tratado, iniciaban una nueva etapa política basada en los principios del Pacto Briand-Kellogg y en la exclusión de las medidas de fuerza para resolver sus problemas. Fue una maniobra hábil del que aún era menospreciado en muchas cancillerías europeas: Hitler consiguió debilitar los lazos de Francia con Polonia y, a la vez, se cuidó muy mucho de reconocer las fronteras orientales del Reich.

El momento más grave de esta primera fase de la política exterior hitleriana tuvo lugar en Austria. El canciler austríaco, el conservador Dollfuss, que pocos meses antes había aplastado a los socialdemócratas en Viena, fue asesinado en un intento de golpe de estado nazi en octubre de 1934. Mussolini, que aspiraba a que Austria fuera un estado bajo la influencia italiana, reaccionó inmediatamente y envió tropas a la frontera italo-austríaca del Brennero. El golpe nazi fracasó y un nuevo canciller, Schusnigg, llegó al poder en Viena. Pese a las protestas del gobierno Berlín, que afirma desconocer totalmente la actuación de sus correligionarios austríacos, las relaciones entre Mussolini y Hitler se deterioraron de forma importante. El dictador alemán se dio cuenta de las dificultades de llevar a cabo el Anschluss contra la opinión de Mussolini.

El año de 1935 trajo dos hechos destacables. En primer lugar, cumpliendo lo estipulado en el Tratado de Versalles, se celebró un plebiscito en el territorio del Sarre, hasta ese momento administrado y explotado por Francia. La abrumadora victoria de las posiciones partidarias del retorno al Reich alemán, más del 90% de los sufragios emitidos, reforzó la política nacionalista de Hitler. El segundo paso fue mucho más trascendente, Hitler, tomando como pretexto la prolongación de la duración del servicio militar en Francia, anunció el restablecimiento del servicio militar obligatorio en Alemania.

La reacción diplomática francesa (1934-1935)
Francia era evidentemente el país más amenazado por la política revisionista de Hitler. Tras el abandono alemán de la Conferencia de Desarme y la evidencia del rearme germano, el 17 de abril de 1934, el gobierno de París publicó una nota diplomática denunciando el rearme alemán y proclamando la determinación francesa de defenderse por sí misma.

Era el primer acto del nuevo ministro de asuntos exteriores francés, Louis Barthou, quien desde febrero de 1934 estaba dirigiendo una acción diplomática destinada a conseguir que Alemania garantizara el respeto a sus fronteras orientales. Se trataba de conseguir un Locarno del Este.

Francia inició una vigorosa actividad diplomática a lo largo de toda Europa. Fruto de ella fue la aproximación del gobierno de París a la URSS y a la Italia de Mussolini.

El reingreso de la URSS en el concierto internacional
El antibolchevismo sistemático del nuevo gobierno nazi y el rearme alemán provocaron un importante cambio en la orientación de la diplomacia soviética. A partir de 1933, Moscú proclamó que no aspiraba a revisar los tratados de 1919 y firma acuerdos bilaterales de no agresión que casi todos sus vecinos. La culminación de este proceso llegó en septiembre de 1934 con el ingreso de la URSS en la Sociedad de Naciones.

La amenaza nazi motivó un cambio importante en la orientación política de la Internacional Comunista. Stalin ordenó el abandono de la anterior táctica de clase contra clase, que tanto había hecho para desunir a la izquierda alemana y facilitar el ascenso de Hitler, y, en agosto de 1935, el VII Congreo de la Komintern afirmó que el fascismo constituía una grave amenaza para la URSS y la paz mundial y autorizó la búsqueda de alianzas con la izquierda y la burguesía progresista para construir alianzas antifascistas. Los Frentes Populares en Francia y España, sobre todo en la guerra civil, serán los más claros ejemplos de esta nueva orientación.

El Frente de Stresa y el pacto franco-soviético
En octubre de 1934, Louis Barthou muere asesinado por un ustacha croata cuando acompañaba en Marsella en una visita al Rey de Yugoslavia. Le sucede al frente del ministerio de asuntos exteriores, el Quai d'Orsay, Pierre Laval. El nuevo ministro aunque sigue básicamente las directrices marcadas por Barthou, cambia las prioridades: la alianza con Italia adquiere más importancia que el pacto con la Rusia soviética. Laval, hombre de ideas conservadoras, adopta además una política más conciliadora con Alemania, como demostró las facilidades dadas a la anexión germana del Sarre.

La aproximación a Italia se inició en enero de 1935. Laval y Mussolini ponen fin a las diferencias entre París y Roma en los asuntos coloniales y en la Europa danubiana. Este acuerdo franco-italiano se amplió rápidamente a Gran Bretaña. La implantación del servicio militar obligatorio en Alemania precipitó la reunión el 11 abril de 1935 de la denominada Conferencia de Stresa. Las tres potencias reafirman en una declaración conjunta su apoyo a la independencia de Austria, su crítica a la política armamentística de Hitler y su acuerdo en "oponerse, por todos los medios a su alcance, a cualquier abandono unilateral de los tratados (de 1919) susceptible de poner en peligro la paz en Europa".

El mes siguiente, en mayo de 1935, se firmó el Pacto franco-soviético. Laval continuó las negociaciones que había iniciado Barthou con los soviéticos. Concluyó el pacto que estableció la ayuda mutua en caso de agresión no provocada, pero se negó a añadir una convención militar, propuesta por los soviéticos, que hubiera dado mucho mayor vigor al pacto. La presión de los sectores más conservadores de la sociedad francesa de alguna manera aguó la virtualidad del pacto franco-soviético.

La actitud británica tampoco ayudó a proyectar una imagen de firmeza ante Hitler. Ese mismo mes de mayo se firma el Acuerdo naval germano-británico por el que Gran Bretaña daba su reconocimiento al desarrollo naval alemán, aún cuando el acuerdo lo limitaba a una flota que no debía superar el 35% de la armada británica.

Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la U.R.S.S.


Conclusiones al respecto:

¿Cuáles son los resultados fundamentales del camino histórico recorrido por el Partido bolshevique?

¿Qué nos enseña la historia del Partido Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S.?

1) La historia del Partido bolshevique nos enseña, ante todo, que el triunfo de la revolución proletaria, el triunfo de la dictadura del proletariado es imposible sin un partido revolucionario del proletariado, libre de oportunismo, intransigente frente a los oportunistas y capituladores, y revolucionario frente a la burguesía y al Poder de su Estado.

La historia del Partido bolshevique nos enseña que el dejar al proletariado sin un partido así equivale a dejarle sin dirección revolucionaria; y el dejarle sin dirección revolucionaria equivale a hacer fracasar la causa de la revolución proletaria.

La historia del Partido bolshevique nos enseña que este partido no puede ser un partido socialdemócrata corriente del tipo de los de la Europa occidental, educado en una situación de paz social, que marcha a remolque de los oportunistas, sueña con "reformas sociales" y teme a la revolución social.

La historia del Partido bolshevique nos enseña que este partido sólo puede ser un partido de nuevo tipo, un partido marxista-leninista, el Partido de la revolución social, capaz de preparar al proletariado para los combates decisivos contra la burguesía y de organizar el triunfo de la revolución proletaria.

Eso es, en la U.R.S.S., el Partido bolshevique.

"En el periodo prerrevolucionario -dice el camarada Stalin- en el periodo de evolución más o menos pacífica, en que los partido de la Segunda Internacional representaban la fuerza predominante dentro del movimiento obrero, y las formas parlamentarias de lucha se consideraban como fundamentales, en estas condiciones, el Partido no tenía ni podía tener la grande y decisiva importancia que adquirió más tarde, bajo las condiciones de los choques revolucionarios abiertos. Kautski, defendiendo a la Segunda Internacional contra quienes la atacaban, dice que los partidos de la Segunda Internacional son instrumentos de paz y no de guerra, y que precisamente por esto resultaron ser impotentes para emprender nada serio durante la guerra, en el periodo de las acciones revolucionarias del proletariado. Y esto es totalmente exacto. Pero, ¿qué significa esto? Significa que los partidos de la Segunda Internacional son inservibles para la lucha revolucionaria del proletariado, que no son partidos combativos del proletariado que conducen a éste al Poder, sino aparatos electorales adaptados a las elecciones al parlamento y a la lucha parlamentaria. Esto explica precisamente el hecho de que, durante el periodo de predominio de los oportunistas de la Segunda Internacional, la organización política fundamental del proletariado no fuese el partido, sino la fracción parlamentaria. Es sabido que en este periodo, el partido era, en realidad, un apéndice de la fracción parlamentaria y un elemento puesto al servicio de ésta. No hace falta demostrar que, en tales condiciones y con semejante partido al frente, no se podía ni hablar de preparar al proletariado para la revolución.

Pero las cosas cambiaron radicalmente al entrar en el nuevo periodo. Este nuevo periodo es el periodo de los choques abiertos entre las clases, el periodo de las acciones revolucionarias del proletariado, el periodo de la revolución proletaria, el periodo de la preparación directa de las fuerzas para el derrocamiento del imperialismo y la toma del Poder por el proletariado. Este periodo plantea ante el proletariado nuevas tareas de reorganización de toda la labor del Partido en un sentido nuevo, revolucionario, de educación de los obreros en el espíritu de la lucha revolucionaria por el Poder, de preparación y concentración de las reservas, de alianza con los proletarios de los países vecinos, de establecimiento de sólidos vínculos con el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes, etc, etc. Pensar que estas tareas nuevas pueden resolverse con las fuerzas de los viejos partidos socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacíficas del parlamentarismo, equivale a condenarse a una desesperación sin remedio, a una derrota ineluctable. Tener que afrontar estas tareas con los viejos partidos al frente equivale a encontrarse completamente desarmados. ¿Hace falta, acaso, demostrar que el proletariado no podía resignarse a semejante situación?

De aquí la necesidad de un nuevo partido, de un partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a la lucha por el Poder, lo bastante experto para orientarse en las condiciones complejas de la situación revolucionaria y lo bastante flexible para eludir todos y cada uno de los escollos que se interponen en el camino hacia sus fines.

Sin un partido así no se puede ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en la conquista de la dictadura del proletariado.

Este nuevo partido es el Partido del leninismo" (Stalin, "Problemas del Leninismo", págs. 62-63, ed. rusa).

2) La historia del Partido nos enseña, asimismo, que el Partido de la clase obrera no puede cumplir su misión de dirigente de su clase, no puede cumplir su misión de organizador y dirigente de la revolución proletaria, si no posee la teoría de vanguardia del movimiento obrero, si no posee la teoría marxista-leninista.

La fuerza de la teoría marxista-leninista consiste en que da al Partido la posibilidad de orientarse dentro de la situación, de comprender el nexo interno que une los acontecimientos que le rodean, de prever la marcha de los acontecimientos y discernir, no sólo cómo y hacia dónde se desarrollan los acontecimientos en el presente, sino también cómo y hacia dónde habrán de desarrollarse en el porvenir.

Sólo un partido que posee la teoría marxista-leninista puede avanzar con paso firme y conducir hacia adelante a la clase obrera.

Por el contrario, un partido que no posee la teoría marxista-leninista, vese obligado a vagar a tientas, pierde la seguridad en sus actos y no es capaz de conducir a la clase obrera hacia delante. Podría pensarse que el poseer la teoría marxista-leninista significa aprender concienzudamente las conclusiones y las tesis contenidas en las obras de Marx, Engels y Lenin, aprender a citarlas oportunamente y contentarse con esto, creyendo que las conclusiones y las tesis aprendidas se adaptan a cualquier situación, a todos los casos de la realidad. Pero este modo de abordar la teoría marxista-leninista es completamente falso. La teoría marxista-leninista no puede considerarse como un conjunto de dogmas, como un catecismo, como un símbolo de la fe; ni a los marxistas, como eruditos pedantes y exegetas. La teoría marxista-leninista es la ciencia del desarrollo de la sociedad, la ciencia del movimiento obrero, la ciencia de la revolución proletaria, la ciencia de la edificación de la sociedad comunista. Y, como ciencia, no está ni puede estar estancada, sino que se desarrolla y se perfecciona. Es evidente que, en su desarrollo, no puede menos de enriquecerse con la nueva experiencia, con los nuevos acontecimientos, y que algunas de sus tesis y conclusiones no pueden menos de cambiar a lo largo del tiempo, no pueden dejar de ser reemplazadas por nuevas tesis y conclusiones, con arreglo a las nuevas condiciones históricas.

Poseer la teoría marxista-leninista no significa, ni mucho menos, aprenderse todas sus fórmulas y conclusiones y aferrarse a la letra de ellas. Para poseer la teoría marxista-leninista hace falta, ante todo, aprender a distinguir entre su letra y su esencia.

Poseer la teoría marxista-leninista significa asimilar la esencia de ella y aprender a aplicarla para resolver los problemas prácticos del movimiento revolucionario en las diversas condiciones de la lucha de clases del proletariado.

Poseer la teoría marxista-leninista significa saber enriquecer esta teoría con la nueva experiencia del movimiento revolucionario, saber enriquecerla con nuevas tesis y conclusiones, saber desarrollarla e impulsarla, sin retroceder ante la necesidad de reemplazar, partiendo de la esencia de la teoría, algunas de sus tesis y conclusiones, caducas ya, por otras nuevas, con arreglo a la nueva situación histórica.

La teoría marxista-leninista no es un dogma, sino una guía para la acción.

Hasta la segunda revolución rusa (febrero), los marxistas de todos los países partían del criterio de que la república democrática parlamentaria era la forma de organización política de la sociedad más conveniente para el periodo de transición del capitalismo al socialismo. Es cierto que Marx había señalado ya en la década del 70 del siglo pasado que la forma más conveniente de la dictadura del proletariado no era la república parlamentaria, sino una organización política del tipo de la Comuna de París. Pero, desgraciadamente, esta indicación de Marx no fue desarrollada en sus obras y cayó en el olvido. Además, la autorizada declaración hecha por Engels en su crítica del proyecto de programa de Erfurt, en 1891, de que "la república democrática... es... la forma específica para la dictadura del proletariado", no dejaba lugar a duda en el sentido de que los marxistas seguían considerando la república democrática como la forma política de la dictadura del proletariado. Esta tesis de Engels sirvió más tarde de orientación a todos los marxistas, incluyendo a Lenin. Sin embargo, la revolución rusa de 1905 y, sobre todo, la de febrero de 1917 destacaron una forma nueva de organización política de la sociedad: los Soviets de diputados obreros y campesinos. Basándose en el estudio de la experiencia de las dos revoluciones rusas y partiendo de la teoría del marxismo, Lenin llegó a la conclusión de que la forma política mejor para la dictadura del proletariado no es la República democrática parlamentaria, sino la república de los Soviets. En abril de 1917, en el periodo de transición de la revolución burguesa a la revolución socialista, Lenin lanzó, basándose en esto, la consigna de organizar la república de los Soviets, como la mejor forma política de la dictadura del proletariado. Los oportunistas de todos los países se aferraban a la república parlamentaria, acusando a Lenin de volver la espalda al marxismo y hundir la democracia. Pero era Lenin, naturalmente, y no los oportunistas, quien representaba el auténtico marxismo y dominaba la teoría marxista, ya que, mientras los oportunistas tiraban de ella hacia atrás y convertían una de sus tesis en un dogma, Lenin la impulsaba, enriqueciéndola con la nueva experiencia.

¿Qué habría sido del Partido, de la revolución proletaria, del marxismo, si Lenin se hubiera plegado a la letra del marxismo, en vez de decidirse a sustituir una de sus viejas tesis, formulada por Engels, por la nueva tesis de la república de los Soviets, que era la que correspondía a la nueva situación histórica? El Partido habría vagado en las tinieblas, los Soviets habrían sido desorganizados, no tendríamos hoy un Poder Soviético, y la teoría marxista habría sufrido un serio descalabro. Con ello, habría salido perdiendo el proletariado y habrían salido ganando sus enemigos.

El oportunismo no consiste siempre en renegar abiertamente de la teoría marxista o de alguna de sus y conclusiones. A veces, el oportunismo se manifiesta en el intento de aferrarse a determinadas tesis aisladas del marxismo, que han comenzado ya a envejecer, y de convertirlas en dogmas, para contener de este modo el desarrollo ulterior del marxismo y con él, consiguientemente, el desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado.

Sin exageración se puede afirmar que, después de la muerte de Engels, los únicos marxistas que impulsaron la teoría del marxismo y la enriquecieron con la nueva experiencia, bajo las nuevas condiciones de la lucha de clases del proletariado, fueron el formidable Lenin y, después de él, Stalin y los demás discípulos de Lenin.

Precisamente por eso, porque Lenin y los leninistas impulsaron la teoría marxista, el leninismo es el desarrollo ulterior del marxismo, el marxismo que corresponde a las nuevas condiciones de la lucha de clases del proletariado, el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias, el marxismo de la época del triunfo del socialismo en la sexta parte de Globo.

El Partido bolshevique no habría podido triunfar en octubre de 1917, si sus cuadros de vanguardia no hubiesen poseído la teoría del marxismo, si no hubiesen sabido ver en esta teoría una guía para la acción, si no hubiesen sabido impulsar la teoría marxista, enriqueciéndola con la nueva experiencia de la lucha de clases del proletariado.

Criticando a los marxistas alemanes de Norteamérica que habían tomado en sus manos la dirección del movimiento obrero norteamericano, escribía Engels:

"Los alemanes no han sabido hacer de su teoría la palanca que pusiese en movimiento a las masas norteamericanas. En su mayoría, ni ellos mismos comprenden esta teoría y se comportan con ella de un modo doctrinario y dogmático, creyendo que hace falta aprendérsela de memoria, y que basta con esto para afrontar todas las situaciones de la realidad. Para ellos, esta teoría es un dogma y no una guía para la acción" (C. Marx y F. Engels, t. XXVII, pág. 606).

Criticando a Kamenev y a algunos viejos bolsheviques que, en abril de 1917, se aferraban a la vieja fórmula de la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y de los campesinos, en un momento en que el movimiento revolucionario había rebasado esta fórmula y exigía el paso a la revolución socialista, Lenin escribía:

"Nuestra doctrina no es un dogma, sino una guía para la acción, han dicho siempre Marx y Engels, burlándose con razón de los que aprenden de memoria y repiten mecánicamente las "fórmulas", que, en el mejor de los casos, sólo sirven para señalar las tareas generales, que se modifican necesariamente con la situación económica y política concreta de cada fase especial del proceso histórico... Es necesario asimilarse la verdad indiscutible de que el marxista debe tomar en cuenta la vida real, los hechos precisos de la realidad y no continuar aferrándose a la teoría del día anterior..." (Lenin, t. XX, págs. 100-101, ed. rusa).

3) La historia del Partido nos enseña, además, que el triunfo de la revolución proletaria es imposible sin el aplastamiento de los partidos pequeñoburgueses que actúan dentro de las filas de la clase obrera y empujan a las capas rezagadas de ésta en los brazos de la burguesía, quebrantando con ello la unidad de la clase obrera.

La historia del Partido es la historia de la lucha contra los partidos pequeñoburgueses y de su aplastamiento: contra los socialrevolucionarios, mensheviques, anarquistas y nacionalistas. Sin vencer a estos partidos y expulsarlos de las filas del proletariado, no hubiera sido posible conseguir la unidad de la clase obrera, y sin la unidad de la clase obrera, el triunfo de la revolución proletaria habría sido irrealizable.

Sin el aplastamiento de estos partidos, que al principio laboraban por el mantenimiento del capitalismo y, más tarde, después de la Revolución de Octubre, por su restauración, habría sido imposible mantener la dictadura del proletariado, derrotar a la intervención armada extranjera y edificar el socialismo.

No tiene nada de casual el hecho de que todos los partidos pequeñoburgueses, que para engañar al pueblo se bautizaban con el nombre de partidos "revolucionarios" y "socialistas" -los socialrevolucionarios, los mensheviques, los anarquistas, los nacionalistas- pasasen a ser partidos contrarrevolucionarios ya antes de la Revolución Socialista de Octubre, para convertirse más tarde en agentes de los servicios de espionaje extranjeros, en una banda de espías saboteadores, agentes diversionistas, asesinos y traidores a la patria.

"En la época de la revolución social -dice Lenin-, la unidad del proletariado sólo puede realizarla el Partido revolucionario extremo del marxismo, sólo puede realizarse por medio de una lucha implacable contra todos los demás partidos" (Lenin, t. XXVI, pág. 50, ed. rusa).

4) La historia del Partido nos enseña, asimismo, que el Partido de la clase obrera no puede mantener la unidad y la disciplina dentro de sus filas, no puede cumplir con su misión de organizador y dirigente de la revolución proletaria, no puede cumplir su misión de constructor de la nueva sociedad socialista, sin una lucha intransigente contra los oportunistas dentro de sus propias filas, sin el aplastamiento de los capituladores en su propio seno.

La historia del desarrollo de la vida interna del Partido bolshevique es la historia de la lucha contra los grupos oportunistas dentro del Partido y de su aplastamiento: contra los "economistas", mensheviques, trotskistas, bujarinistas y portavoces de las desviaciones nacionalistas.

La historia del Partido bolshevique nos enseña que todos estos grupos capituladores eran, en el fondo, agentes del menshevismo dentro del Partido, sus satélites y continuadores. Al igual que los mensheviques, cumplían la misión de servir de vehículo a la influencia burguesa dentro de la clase obrera y del Partido. Por eso, la lucha por la liquidación de estos grupos dentro del Partido era la continuación de la lucha por la liquidación del menshevismo.

Sin aplastar a los "economistas" y a los mensheviques, jamás se habría logrado edificar el Partido y conducir a la clase obrera a la revolución proletaria.

Sin aplastar a los trotskistas y bujarinistas, jamás se habría logrado preparar las condiciones necesarias para al edificación del socialismo.

Sin aplastar a los portavoces de las desviaciones nacionalistas de todos los matices, jamás se habría logrado educar al pueblo en el espíritu de internacionalismo, no se habría logrado defender la bandera de la fraternal amistad entre los pueblos de la U.R.S.S., no se habría logrado edificar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Podría pensarse que los bolsheviques han consagrado demasiado tiempo a luchar contra los elementos oportunistas dentro del Partido, que han exagerado la importancia de estos elementos. Pero esto es completamente falso. No es posible tolerar en el seno del Partido el oportunismo, como no es posible tolerar la existencia de una úlcera en un organismo sano. El Partido es el destacamento dirigente de la clase obrera, su fortaleza de avanzada, su Estado Mayor de combate. No es posible permitir que en el Estado Mayor dirigente de la clase obrera haya gentes pusilánimes, oportunistas, capituladores y traidores. Luchar a vida o muerte contra la burguesía, teniendo dentro del propio Estado Mayor, dentro de la propia fortaleza, a capituladores y traidores, es caer en la situación de quien se ve tiroteado desde el frente y desde la retaguardia. Fácil es comprender que la lucha, en estas condiciones, sólo puede conducir a una derrota. El modo más fácil de tomar una fortaleza es atacarla desde dentro. Para conseguir el triunfo, lo primero que hace falta es limpiar el Partido de la clase obrera, su Estado Mayor dirigente, su fortaleza de avanzada, de capituladores, desertores, esquiroles y traidores.

No tiene nada de casual el hecho de que los trotskistas, los bujarinistas, los portavoces de desviaciones nacionalistas, luchando contra Lenin y contra el Partido, hayan acabado como acabaron los partidos menshevique y socialrevolucionario: convirtiéndose en agentes de los servicios de espionaje fascistas, convirtiéndose es espías, en saboteadores, en asesinos, en agentes diversionistas, en traidores a la patria.

"No es posible triunfar en la revolución proletaria, no es posible defenderla, teniendo en las propias filas a reformistas, a mensheviques. Esto es evidente en el terreno de los principios. La experiencia de Rusia y de Hungría lo confirma palpablemente... En Rusia, hemos atravesado muchas veces por situaciones difíciles en que el régimen soviético habría sido infaliblemente derrotado, si hubiesen quedado mensheviques, reformistas, demócratas pequeñoburgueses dentro de nuestro Partido..." (Lenin, t. XXV, págs. 462-463, ed. rusa).

"Si nuestro Partido -dice el camarada Stalin- ha conseguido forjar dentro de sus filas una unidad interior y una cohesión nunca vista, se debe, ante todo, al hecho de que supo limpiarse a tiempo de la escoria del oportunismo, arrojar del Partido a los liquidadores y mensheviques. Para desarrollar y consolidar los partidos proletarios, hay que depurar sus filas de oportunistas y reformistas, de socialimperialistas y socialchovinistas, de socialpatriotas y socialpacifistas. El Partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas" (Stalin, "Problemas del Leninismo", pág. 72, ed. rusa).

5) La historia del Partido nos enseña, además, que el Partido no puede cumplir su misión de dirigente de la clase obrera, si, perdiendo la cabeza con los éxitos, comienza a vanaglorariarse, si deja de advertir las deficiencias de su labor, si teme reconocer sus errores, si teme corregirlos a su debido tiempo abierta y honradamente.

El Partido es invencible, si no teme la crítica ni la autocrítica, si no disimula los errores y deficiencias de su labor, si enseña y educa los cuadros con el ejemplo de los errores del trabajo del Partido y sabe corregir estos errores a tiempo.

El Partido se hunde, si oculta sus errores, si disimula sus lados flacos, si encubre sus defectos con una falsa exhibición de prosperidad, si no tolera la crítica y la autocrítica, si se deja penetrar del sentimiento de la fatuidad, si se deja llevar por el narcisismo y comienza a dormirse sobre los laureles.

"La actitud de un partido político ante sus errores es -dice Lenin- uno de los criterios más importantes y más fieles de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar minuciosamente la situación que los ha engendrado y examinar atentamente los medios de corregirlos: esto es lo que caracteriza a un partido serio, en esto es en lo que consiste el cumplimiento de sus deberes, esto es educar e instruir a la clase primero, y después a las masas" (Lenin, t. XXV, pág. 200, ed. rusa).

Y más adelante:

"Todos los partidos revolucionarios que se han hundido hasta ahora, se han hundido por dejarse llevar del engreimiento y no saber ver en que consistía su fuerza y por temor a hablar de sus debilidades. Pero nosotros no nos hundiremos, porque no tenemos miedo a hablar de nuestras debilidades y aprenderemos a superarlas" (Lenin, t. XXVII, págs. 260-261, ed. rusa).

6) Finalmente, la historia del Partido, nos enseña que, sin mantener amplios vínculos con las masas, sin fortalecer constantemente estos vínculos, sin saber escuchar atentamente la voz de las masas y comprender sus necesidades más torturantes, sin ser capaz, no sólo de enseñar a las masas, sino también de aprender de ellas, el Partido de la clase obrera no puede ser un verdadero partido de masas, capaz de arrastrar consigo a las masas de millones de la clase obrera y de todos los trabajadores.

El Partido es invencible, si -como dice Lenin- sabe "ligarse, aproximarse, por decirlo así, fundirse, en cierto grado, con las más grandes masas trabajadoras, en primer término, proletarias, pero también con la masa trabajadora no-proletaria" (Lenin, t. XXV, pág. 174, ed. rusa).

El Partido se hunde, si se encierra en su estrecha concha de partido, si se desliga de las masas, si se cubre de moho burocrático.

"Se puede reconocer como norma -dice el camarada Stalin- que, mientras conserven el contacto con las grandes masas del pueblo, los bolsheviques serán invencibles. Y, al contrario, en cuanto se desliguen de las masas y pierdan el contacto con ellas, en cuanto se dejen cubrir por la herrumbre burocrática, perderán toda su fuerza y quedarán anulados.

Los griegos de la antigüedad tenían en su mitología un héroe famoso, Anteo, que era, según la leyenda, hijo de Poseidón, dios de los mares y de Gea, diosa de la tierra. Anteo quería mucho a su madre, que lo había dado a luz y lo había criado y educado. No existía héroe al cual no hubiera vencido dicho Anteo. Se consideraba como un héroe invencible. ¿En qué consistía su fuerza? Consistía en que, siempre que se sentía a punto de verse vencido en la lucha contra un enemigo, tocaba la tierra, su madre, que lo había dado a luz y criado, y ésta le infundía nuevo vigor. Pero Anteo tenía su punto débil: era el peligro de verse separado de la tierra. Sus enemigos conocían esta debilidad suya y lo acechaban. Y he aquí que un día, un enemigo se aprovechó de esta debilidad, venciéndole. Este enemigo era Hércules. ¿Cómo lo venció? Lo separó de la tierra y lo levantó en vilo, quitándole la posibilidad de tocar la tierra y ahogándole así en el aire.

A mí me parece que los bolsheviques recuerdan a Anteo, el héroe de la mitología griega. Los mismo que Anteo, son fuertes, porque mantienen contacto con su madre, las masas, las que los dieron a luz, los criaron y educaron. Y mientras mantengan el contacto con su madre, el pueblo, cuentan con todas las posibilidades de ser invencibles.

En esto está la clave de por qué la dirección bolshevique es invencible" (Stalin, "Sobre las deficiencias del trabajo del Partido").

Tales son las enseñanzas fundamentales del camino histórico recorrido por el Partido bolshevique.

martes, 20 de noviembre de 2007

Nacimiento del ejército rebelde


Fidel permaneció en la Isla de Pinos hasta 1955, casi siempre en una celda de castigo, y salió gracias a una amnistía junto con su hermano Raúl y otros cabecillas del movimiento 26 de julio. Se mantuvo fiel a Chibás, aunque ya había desaparecido, y mantuvo las posiciones revolucionarias posteriores al golpe de Batista de 1952. Tras su salida de la cárcel inició una campaña de desacreditación de la dictadura e intentó unir las fuerzas que ideológicamente estaban cercanas a las ideas de Chibás. Pero la presión y el riesgo por su vida en Cuba era muy grande y junto con su hermano tiene que abandonar el país y marcharse a México, allí conocerá a Ernesto "Che" Guevara (Alberto Korda, fotografió al "Che" en una manifestación, imagen que se convirtió en un símbolo para la juventud del mundo entero).

El 19 de marzo de 1956 Fidel rompe con los partidos de la burguesía, que hasta entonces le habían estado apoyando, incluso con el Partido Ortodoxo, del cual había pertenecido, y crea el Movimiento 26 de Julio con un artículo-manifiesto de autoproclamación como abanderado de la revolución inminente.

Este movimiento encontrará como aliados al Directorio estudiantil, con José Antonio Echeverría a la cabeza, y al Partido Socialista Popular, con Lázaro Peña y Flavio Bravo. Ese mismo año (1956) se produce un hecho importante y a la vez curioso, la Unión Soviética realiza la primera ayuda financiera a Cuba con la compra de 443 mil toneladas de azúcar. Mientras tanto Frank País (hombre fuerte del Movimiento 26 de Julio) y un grupo de estudiantes revolucionarios de la Universidad de Oriente preparan un movimiento insurreccional.

El 30 de noviembre de 1956 en Santiago se produce el movimiento insurreccional encabezado por País, un movimiento que duró apenas cinco horas y que al final tiene que ceder ante las fuerzas del gobierno. A la vez 82 hombres estaban embarcados en el Granma, entre ellos Fidel y Guevara, y se dirigían a Cuba desde México, pero otra vez más los planes de Fidel Castro iban a salir mal parados. La estrategia era que el movimiento insurreccional de País coincidiera con el desembarco del Granma en Cuba, pero Fidel tardó 7 días en llegar y atracaron en una parte de la isla donde no estaba previsto. Así pues, el 2 de diciembre llegó Fidel a Cuba con las fuerzas del gobierno de Batista esperándoles, y con un largo camino hasta Niquero que era donde tenían previsto llegar con el Granma.

Tras la llegada del Granma sus ocupantes revolucionarios tuvieron que despistar a las fuerzas dictatoriales en varias ocasiones hasta los acontecimientos de Alegría del Pío, lugar donde Fidel ordenó que se parara la marcha hacia el punto de encuentro, pero el ejército batistiano aprovechó ese momento para atacarles duramente y tuvieron que dispersarse cada uno como pudo y por sus propios medios. Así se formaron tres pequeños grupos de hombres y muchos otros quedaron dispersos o de dos en dos, ninguno de ellos sabía si existía el otro grupo o si había sobrevivido alguien más.

Estos "guerrilleros", término que empezaron a adoptar tras la huída que tuvieron que hacer hacia las montañas y por su lucha semi-clandestina contra el ejército, caminaban de noche y se escondían de día, se relacionaron con los campesinos de la zona de tal manera que se empezó a fraguar un lazo de unión entre el movimiento guerrillero, ridículo en su inicio, y el movimiento campesinado. Los campesinos les acogían en sus casas, les daban de comer y les explicaban en la situación en que vivían.

El 18 de diciembre de ese año consiguieron reunirse los supervivientes del desembarco y del ataque del ejército en casa de un campesino, Crescencio Pérez, eran alrededor de 15, de los 80 que habían desembarcado. Se habían convertido en una guerrilla, guerrilla prolongada , y su objetivo de realizar una insurrección inmediata volvió a fracasar. Pero este hecho permitió ir formando una base ideológica propia y aunar las ideas de los componentes que hasta entonces eran muy diversas.

Mientras esto ocurría en el campo, en las ciudades, sobre todo en la provincia de Oriente, se reprimía con dureza a los simpatizantes de la revolución, ya que las noticias del desembarco habían llegado ya a toda la provincia de Oriente. El 25 de diciembre en Holguín, el coronel Fermín Cowley lanzó a sus hombres contra un grupo de comunistas afiliados, en su mayor parte, al Partido Socialista Popular (de ideología comunista), y murieron 26 jóvenes obreros asesinados. Bandas de policías especializados en la represión operaron por la toda la isla, la represión fue total y empezaba a convertirse en algo habitual.

Batista dio orden de publicar la noticia de que Fidel había muerto y los rebeldes dispersados para frenar los movimientos partidarios a los rebeldes en las ciudades principalmente. Pero Fidel, entonces, contactó con la organización rebelde de la capital, mediante Faustino Pérez, para que la gente hablase de los rebeldes de la Sierra y desmentir la noticia de su muerte. El 14 de enero Fidel dio la orden de atacar un pequeño cuartel de La Plata al pie de la Sierra para dar señales de vida y demostrar que el movimiento rebelde estaba vivo. Tras este ataque los campesinos de la zona tienen que dejar sus casas por temor a las amenazas del ejército en bombardear la zona. Pero un campesino de la zona, Eutimio Guerra, se alista a los rebeldes y se convierte en guía y correo de Fidel y los rebeldes de la Sierra, pero una de las veces que salió de la Sierra fue capturado y convencido para que el ejército encontrase a Fidel a cambio de dinero y no ser fusilado. Los días posteriores, finales de enero y primeros de febrero, las posiciones de los rebeldes fueron bombardeadas por la aviación militar, pero siempre pudieron salvarse de las bombas. Hasta que el 9 de febrero Eutimio fue ajusticiado ante Fidel, este había sido avisado por un grupo de rebeldes que le habían visto guiar al ejército batistiano.

El mes de marzo de 1957 fue bastante sangriento, el Directorio estudiantil atacó el palacio presidencial para asesinar a Batista pero pudo refugiarse y muchos estudiantes murieron en el intento, entre ellos José Antonio Echeverría. La represión policial posterior fue brutal y asesinaron al presidente del Partido Ortodoxo Pelayo Cuervo. Mientras los rebeldes de la Sierra recibían un refuerzo de unos 50 hombres, 28 fusiles y 2 ametralladoras.

El ejército rebelde, en abril, está ya compuesto por 80 hombres aproximadamente, divididos en tres pelotones, un estado mayor y dos escuadras. Para el 20 de mayo son ya 127 hombres.

A principios de julio de 1957 se firma el Manifiesto de la Sierra Maestra, que tenía como objetivo crear un frente común de todos los partidos de la oposición, un frente cívico-revolucionario, se quería alejar al ejército de la política, convocar elecciones al año siguiente de la caída de Batista y no aceptar imposiciones de otros países, encabezando este manifiesto se encontraban Fidel y Pazos, ex-presidente de la Banca Nacional de Cuba. En ese mes además, y para celebrar el aniversario del Movimiento 26 de Julio, los rebeldes atacaron varios pueblos cercanos al pie de la Sierra. Pero ese mes no fueron todo noticias esperanzadoras para Fidel, Frank País, hombre fuerte del movimiento e íntimo de Fidel, moría asesinado en plena calle. Esta muerte provocó una huelga general importante que fue respondida por Batista con una censura de prensa para que no se difundiera la noticia de todo el seguimiento que había tenido la muerte de País.

El 10 de noviembre de 1957 se produce el Pacto de Miami por toda la oposición cubana a la dictadura de Batista, pero lo que podía haber sido un punto de partida para el derrocamiento de Batista se convirtió en un punto de discordia entre el Movimiento 26 de Julio y el resto de fuerzas opositoras al régimen. Representantes de siete grupos políticos firmaron un documento de unidad frente al régimen de Batista, entre ellos el Movimiento 26 de Julio, pero cuando el documento llegó a manos de Fidel desautorizó a sus representantes y anuló y rechazó el pacto tajantemente por pensar que era un documento imperialista norteamericano

viernes, 16 de noviembre de 2007

Zapatismo, su historia y su naturaleza


El Zapatismo hoy es un movimiento social rebelde y revolucionario de base popular e indígena, nacido en el corazón de uno de los estados mexicanos más ricos, pero cuya población, mayoritariamente descendiente de los Mayas, es una de las más pobres del continente americano. Es un movimiento civil y político con un ejército, el EZLN, que en sus 20 años de historia sólo ha actuado de forma militar una vez durante los 12 días de combate que sucedieron a su levantamiento en armas, su presentación al mundo, el 1º de Enero del año 1994. Este levantamiento no surgió de la nada, hizo falta la complicidad, la clandestina organización y la sumisión a las miles de comunidades indígenas que forman sus bases de apoyo para que se haya convertido en lo que es actualmente.

El conflicto en Chiapas no surge con el Zapatismo. El Zapatismo es la respuesta al conflicto, una respuesta novedosa respecto a las anteriores rebeliones populares que tan abundantes han sido en América Latina. La independencia de México en el s.XVIII no supuso un cambio sustancial en las estructuras oligárquicas de poder nacidas en la colonia, ni en las titularidades de las tierras y riquezas. Pero la raíz está incluso más lejos, más aún que las burguesías nacionales que no supieron propiciar un desarrollo interno que librase al país de la dependencia económica del exterior, de Europa primero y de Estados Unidos después. El paso de la era colonial a la era neoliberal sólo ha supuesto un cambio de nombre, y la sofisticación del robo y el expolio de las riquezas de los países llamados en vías de desarrollo, así como el aniquilamiento y exterminio de sus poblaciones. Siguen ganando y perdiendo los mismos.

En 1917, tras la Revolución Mexicana, liderada por Pancho Villa y Emiliano Zapata bajo la consigna Tierra y Libertad, se promulga la Ley de Reforma Agraria, gracias a la cual comienza el reparto de tierras, por lo que los terratenientes son despojados de sus tierras y éstas repartidas a los campesinos. Pero este reparto se inició en los estados norteños del país, no llegando a Chiapas hasta los años setenta. En los estados del sur, como Chiapas, tuvo lugar una contrarreforma, y con el beneplácito de las autoridades regionales y locales las empresas multinacionales con objetivos en la zona, y los terratenientes, formaron sus propios grupos paramilitares para la contención de las masas de indígenas, marginados, hambrientos y humillados por su raza y su cultura. En los años setenta, años del inicio del reparto de tierras en Chiapas, las clases dominantes utilizaron continuamente las fuerzas armadas para aplastar las fuerzas de cambio, el gran auge de los movimientos sindicales, de organizaciones campesinas, arrancar sus raíces, perpetuar el orden interno de privilegios y generar condiciones económicas y políticas seductoras para el capital extranjero: Negocios libres como nunca y gente presa como nunca. El principal producto de Latinoamérica, y de Chiapas, venda lo que venda, materias primas o manufacturadas, son sus brazos baratos.

De la frustración de décadas de lucha “pacífica” surge el EZLN, no como una fuerza armada paternalista y sin base popular, sino como un movimiento que no busca la toma del poder, sino el cambio de las estructuras de poder a través de la participación civil y política. Los compas lo llaman el mandar obedeciendo. A los doce días de su levantamiento en armas plantea una tregua en pro del diálogo, y se realizan dos diálogos con el Gobierno federal, en uno de los cuales se llegan a acuerdos. El gobierno quedó comprometido a aprobar en reforma constitucional los resultados de esos acuerdos, referentes a derechos y cultura indígenas, en los que fueran respetados sus usos y costumbres, sus formas de regirse y sus sistemas tradicionales de producción. Este reconocimiento constitucional nunca se ha dado, y la vía del diálogo con el gobierno ha quedado definitivamente cerrada desde el Zapatismo, desde el gobierno nunca estuvo abierta.

En toda su historia el Zapatismo siempre ha hecho de la visibilidad su arma real de presión. Con su presentación al mundo consiguió un protagonismo mediático que ha sabido utilizar, y con su discurso, un discurso nuevo en el que hermana su lucha con la de los oprimidos de todo el mundo, haciendo del indígena metáfora del excluido y de la autonomía un modo de resistencia frente a un régimen mundial globalizador y aniquilador de las diferencias, ha creado redes de apoyo y difusión claves para dificultar las acciones militares y paramilitares que el mal gobierno siempre ha dado como respuesta a las demandas indígenas, que no son otras que: Democracia, Justicia, Libertad, Tierra, Educación, Salud, Trabajo, Alimentos, Respeto, Autonomía... Así, desde la sociedad civil nacional e internacional, que siempre ha estado presente en todos los momentos de su lucha para apoyar el proceso zapatista, se ha llegado hasta la autonomía en los territorios rebeldes.

Ahora, con la formación de las Juntas de Buen Gobierno Zapatistas (integradas por representantes de cada comunidad que van turnándose cíclicamente cada dos semanas), los gobiernos autónomos zapatistas, se organizan en los municipios autónomos, y mediante la cooperación han construido su utopía. Un mundo donde quepan muchos mundos, donde el pueblo manda y el gobierno obedece, donde se respetan las formas tradicionales de toma de decisión, que no son otras que las asambleas, donde el pueblo es quien tiene en sus manos el proceso, donde los indígenas son los sujetos de su propia liberación.

miércoles, 24 de octubre de 2007

El pueblo Saharaui


En Noviembre de 1975, hace treinta años, se firmaban en Madrid el Acuerdo Tripartito entre España, Marruecos y Mauritania. Unas cuantas plumas, unos cuantos personajes sellaron en un instante el destino de todo un pueblo: el saharaui. Lo condenaron al exilio, a la muerte, a la desolación. Para España significó una de las páginas más vergonzosas y humillantes de nuestra historia contemporánea.



El gobierno de Arias Navarro repartió la ex colonia española entre Marruecos y Mauritania. Incumplió en nombre de España, las promesas mil veces contraídas ante el Pueblo Saharaui y ante la Comunidad Internacional como potencia administradora.



Apenas seis meses antes del pacto, en mayo 1975, una comisión investigadora de la ONU. llego al Sahara Occidental. El Gobierno español y las autoridades del territorio facilitaron la misión. En su informe, los expertos internacionales le recordaron a la potencia colonial sus obligaciones para con el pueblo saharaui, quien, según el informe “aspiraba a la independencia”, estaba dispuesto a seguir luchando por ella y que sobre todo “no aceptaba ser anexionado por ninguno de sus vecinos”. En definitiva reclamaba su derecho a la autodeterminación, ya reconocido por la ONU y poco tiempo después ratificado por el dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya. Tras un análisis exhaustivo de los elementos políticos e históricos del dossier, la Corte recomendó la aplicación inmediata del principio de autodeterminación por medio de la expresión libre y auténtica de la voluntad del pueblo saharaui. Naciones Unidas y la potencia administradora estaban emplazadas a organizar un referéndum. Sin embargo, España y Marruecos se burlaron del dictamen y la ONU, por las indecentes razones que siempre le asisten cuando el perjudicado es débil, no hizo lo que debía.



Los saharauis, nuestros hermanos españoles de la provincia del Sahara, quienes confiaron en la palabra de honor de nuestros gobernantes, de facto o reales, los entregamos maniatados, los arrojamos al patio de los leones, a la merced de las tropas, tanques y aviones de guerra marroquíes. Ese fue el broche de oro con el que cerramos nuestra obra civilizadora en África, el triste epilogo de los cien años de convivencia con los saharauis.



Los que vivimos aquellos días en El Aaiun, Smara o Villa Cisneros, presenciamos indignados y avergonzados, cómo se plasmaba la letra del contrato: el ejercito marroquí y mauritano invadían el territorio, miles de soldados ocupaban nuestros cuarteles aun sin dar tiempo a desalojarlos y tomaban posiciones, se encerraba con alambre de espino los barrios saharauis y se les impedía la huída ante esa cobarde invasión. Mientras la “marcha verde” se asomaba en medio de una gran polvareda propagandística para

encubrir la invasión militar. Era la pieza teatral a la que nuestros gobernantes se prestaron también para disfrazar lo que sin duda fue y sigue siendo una de las mayores traiciones y vilezas políticas en la historia de la humanidad.



España, torpemente, sembró para largo tiempo la inestabilidad y la tensión en un área próxima de la que depende su propia seguridad. Hizo estallar una guerra devastadora, condeno al exilio, al dolor y al sufrimiento a decenas de miles de personas, dividió y enluto a las familias. Hoy 30 años después tiene el descaro de proclamar que su posición en el problema es neutral.



A tres décadas de aquel hecho triste, el momento es idóneo para la reflexión. La guerra, contrariamente al cálculo inicial de los artesanos del pacto, ha durado más de una semana. Marruecos, pese a su empeño y las generosas alianzas con las que ha contado, no logro una victoria militar aplastante. Los saharauis no han capitulado, lejos de eso, acaban de iniciar un nuevo método de resistencia en las zonas ocupadas. Es la generación que ha nacido a la sombra de los acuerdos de Madrid, disfrutando de las bondades de la nueva madre patria, la que ha pasado a la acción y una acción hoy por hoy impredecible. La tregua decretada por la ONU puede saltar en cualquier momento, incluso de manera accidental, no provocada...En definitiva, a la vista están los ingredientes para una nueva conflagración en la zona. Una zona ya de por si altamente explosiva en razón a los integrismos latentes, la ausencia de democracia y el cúmulo de problemas económicos y sociales, particularmente en la casa de “nuestro amigo” el hijo del rey.





El Sahara Occidental es la asignatura pendiente de la democracia española. De mil maneras, la sociedad española lo ha proclamado bien alto: ¡ya basta! A Marruecos se le ha otorgado una licencia por 30 años para aplastar y masacrar al pequeño pueblo saharaui. España y otros países le han proporcionado, desde la complicidad, incalculables ayudas, económicas, militares, financieras. Todo bajo el pretexto de ayudar a la estabilidad de la monarquía marroquí, pero en el fondo nunca ignoraron que son recursos para la guerra contra los saharauis. Mientras, a Irak, Cuba, Libia les aplicaban sanciones severas y guerras devastadoras en nombre de la legalidad y de las libertades.



La inmensa mayoría de los españoles creemos que ha llegado la hora de enmendar esta terrible injusticia. El Estado Español, por su implicación en los orígenes de esta tragedia, debe asumir, de una vez por todas, su responsabilidad histórica, política y moral, desde la honestidad, lejos del doble lenguaje, hipócrita e inmoral. Corresponde elaborar y consensuar una nueva política coherente y firme que persuada a Marruecos a avanzar en el camino de la legalidad internacional y no, como hasta ahora, para conspirar contra ella, disculpándolo o haciendo la vista gorda ante sus continuas burlas a la legalidad internacional y sus fechorías en las zonas ocupadas.



Una nueva política, un nuevo enfoque son posibles incluso sin descuidar la sacrosanta estabilidad interna de Marruecos. Se trata de sacar las debidas conclusiones de una aventura colonial de treinta años en la que Marruecos ha despilfarrado tantos y tantos recursos para alimentar guerras y tensiones con sus vecinos en una política de permanente huida hacia delante. Hoy, la paz interna en el país vecino esta mucho mas frágil y cien veces mas amenazada que en el año 1975. El viejo recurso de crear focos de tensión en el exterior para solventar problemas internos se ha vuelto obsoleto e inútil. La profunda crisis económica y social que nos proyectan a diario las pateras con sus dantescas escenas de muerte y desesperanza, el creciente fenómeno del integrismo cuyo zarpazo del 11 M nos recordó cuán vulnerables somos y cuán cerca esta de nosotros, la parálisis de las instituciones políticas, y la intifada saharaui en las zonas ocupadas no auguran para Marruecos un futuro en calma, sin sobresaltos. Revisar los viejos esquemas de nuestra política marroquí y norteafricana es una necesidad imperiosa incluso para proteger al vecino del sur y evitar que caiga en un ciclo de turbulencias sin precedente...



El conflicto del Sahara influye, efectivamente, en la estabilidad de Marruecos. Por eso nadie duda de que su solución conforme a la legalidad internacional abrirá una nueva era de tranquilidad en el noroeste africano. En tales circunstancias, Marruecos podrá, con la ayuda más eficaz y efectiva de sus vecinos, incluidos los saharauis, concentrarse en sus problemas verdaderos y armar recetas para su endémica crisis social y económica.



Hoy cuando se cumplen tres décadas de aquel fatídico hecho, es la ocasión para recordar otra vez a nuestros gobernantes sus deberes en el asunto del Sahara. Un problema frente al cual los españoles, todos, con independencia de ideologías y credos queremos un mayor compromiso político, serio y honesto en favor de los derechos del pueblo saharaui, de la solución justa y democrática. No podemos admitir que los saharauis sigan siendo la moneda de cambio para llevarnos bien con el vecino del sur.



Si bien, la solidaridad con cualquier pueblo objeto de injusticia, privado de sus derechos legítimos es un deber para todo defensor de la justicia y la libertad, en el Estado español existen, todavía muchas más razones para el apoyo y el compromiso moral con los saharauis: son nuestros vecinos, convivimos con ellos, compartimos la misma cultura y al final los traicionamos, los vendimos y abandonamos. El daño que les hicimos es inimaginable. Cuántos han muerto, cuántos han sido asesinados bajo tortura o bajo las bombas… cuánto han sufrido y siguen sufriendo? Miles y miles de españoles, mujeres y hombres estamos convencidos de que otro mundo es también posible para los saharauis. Por eso es que nuestra deuda moral con ellos, ciertamente impagable, la asumimos como aliciente para seguir luchando, en cualquier lugar y a cualquier hora a fin de devolverles a su patria libres y a la nuestra la dignidad que nunca debió perder.

martes, 16 de octubre de 2007

Golpe de estado (CHILE)


La victoria de Salvador Allende, obtenida el 4 de septiembre de 1970 con un 36,3%, se alcanzó proponiendo transformar a Chile en un régimen socialista,siguiendo un curso distinto al común de los otros regímenes que alcanzaron el socialismo , y al cual se ha dado a llamar «vía chilena al socialismo, con olor a empanadas y vino tinto». Esta nueva vía al socialismo, por medios pacíficos y democráticos, tuvo inicialmente el visto bueno de gran parte de la Democracia Cristiana, que también tuvo parte en procesos de cambio históricos como la reforma agraria. El apoyo inicial que se reflejó en un 49% de los votos en la elección municipal de 1971, se fue perdiendo por el deterioro de la situación económica.

La violencia, desatada primeramente por grupos extremistas de ambos lados del espectro político, como el MIR de izquierda o Patria y Libertad de derecha, provocó un clima de confrontación, que se fue expandiendo a todos los ámbitos de la sociedad, llegando incluso a los sectores de élite de la sociedad, que siempre se habían encontrado al margen de las convulsiones sociales, económicas y políticas del país. Sin embargo, esta cuestión terminó afectando principalmente (producto del desabastecimiento), a los sectores medios y modestos. A raíz de esto, dos grandes bloques se forman, la Unidad Popular (UP), y la Confederación de la Democracia (CODE), que obtuvieron respectivamente el 43.3% y 55% de los votos.

Los grupos de derecha estructurados en el Partido Nacional, o en los movimientos Patria y Libertad y Poder Femenino, intentaron por diferentes medios terminar con el gobierno, algunos de ellos apoyados o financiados por la CIA, que también conspiraba para terminar con el gobierno de la UP, debido a que lo consideraban una amenaza para los intereses estadunidenses en la región. Los métodos democráticos para sacar a Allende fracasaron. Una posible salida plebiscitaria no llegó a tiempo, y aún con ella tampoco se puede decir que hubiese resuelto el conflicto de manera tajante, pues la violencia social, política y hasta económica llegaba a tales extremos que auguraba necesariamente una guerra civil abierta.

Este estado de confrontación precipitó los acontecimientos que culminarían con el quiebre de la democracia y el golpe de estado.


Independiente de la opinión, ya a mediados de 1973 los oficiales de las FFAA que se hayan a favor de un golpe, se encuentran en mayoría respecto de los que no. De igual forma son favorables de un golpe en forma mayoritaria los civiles que cuentan con algún grado de influencia política o bien que poseen recursos económicos estimables, y que desean una solución rápida y de fuerza, manifestándose ya desde 1971 con los cacerolazos, que incitan a los militares a la acción, arrojándoles maíz y plumas de gallina frente a sus puertas, en alusión a la supuesta condición de «gallinas» que mostraban.

El golpe, en agosto, era planeado prácticamente por la totalidad de la plana superior de la Armada de Chile, salvo por el Almirante Raúl Montero y alguno que otro oficial constitucionalista, que no representaba peso alguno dentro del estamento castrense, o bien, se encontraba aislado de las bases. La cuestión es que la Armada obedecía de facto al Vicealmirante José Toribio Merino. Algo similar sucedía en la Aviación, donde la excepción la marcaba el General César Ruiz, cabeza de la entidad. Mas, al retirarse este último del Ministerio de Obras Públicas y Transporte (que había asumido como consecuencia del «tanquetazo»), Allende lo obliga a renunciar a ambos cargos, el de Ministro y Comandante, asumiendo en su lugar ese cargo militar, el General Gustavo Leigh, opositor al gobierno. El Ejército estaba dividido, pero la balanza tendía cada vez más a favor de aquellos que propugnaban la opción del golpe, siendo la posición contraria la llevada por su comandante en jefe, Carlos Prats. En Carabineros, por último, no estaban a favor del golpe más que dos o tres generales de baja antigüedad, entre ellos el General César Mendoza, quién al 11 de septiembre ocupaba el cargo de Director de Bienestar en la institución.

Finalmente cae el General Carlos Prats. El día 21 de agosto, una manifestación de esposas de generales se produce frente a su casa, a la que llegan a protestar también varios oficiales de civil contra él. Es insultado y agredido. Al ser deshecha la manifestación por Carabineros, ésta se vuelve a organizar con más fuerza. Llegan al lugar Augusto Pinochet (considerado el segundo de Prats), Allende y sus ministros. Todos son abucheados. Deprimido y desilusionado, pide a los generales que reafirmen su lealtad para con él; como sólo unos pocos lo hicieran, resuelve renunciar a la comandancia en jefe. Recomienda pues a Allende que el cargo sea ocupado por Augusto Pinochet Ugarte, quien tenía una hoja de vida estimada como limpia, siendo caracterizado como un soldado profesional y apolítico.

El 22 de agosto es aprobado en el Congreso chileno el Acuerdo de la Cámara de Diputados sobre el grave quebrantamiento del Orden Constitucional y legal de la República; causada por la negativa del ejecutivo a promulgar la reforma constitucional de las tres áreas de la economía, a pesar de haber sido aprobadas por el Congreso, y actuando en contra de la constitución, según el contralor. El texto deja en claro que es responsabilidad de los ministros militares terminar con la situación de ilegalidad. El texto reza así:

“Primero - Representar a S.E., el Presidente de la República y a los señores Ministros del Estado miembros de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Carabineros, el grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República; Segundo- Representarles, asimismo, que les corresponde poner inmediato término a todas las situaciones de hecho referidas, que infringen la Constitución y las leyes, con el fin de encauzar la acción gubernativa por las vías del Derecho y asegurar el orden constitucional de nuestra patria y las bases esenciales de convivencia democrática entre los chilenos; Tercero- Declarar que, si así se hiciere, la presencia de dichos señores Ministros en el Gobierno importaría un valioso servicio a la República. En caso contrario, comprometerían gravemente el carácter nacional y profesional de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Carabineros, con abierta infracción a lo dispuesto en el artículo 22 de la Constitución Política y con grave deterioro de su prestigio, y Cuarto - Trasmitir este acuerdo a S.E., el Presidente de la República y a los señores Ministros de Hacienda, Defensa Nacional, Obras Públicas y Transportes y Tierras y Colonización”.

Más leña era echada al fuego. Algunos marinos se juntan con Altamirano para advertirle de los intentos golpistas, siendo estos marinos los primeros procesados por la Armada. Altamirano lanza el discurso que le ha hecho fama, catalogado de incendiario por los sectores favorables al golpe. En este discurso reivindica su derecho a recibir informes de cualquiera que denuncie conspiraciones, "Si pudiera hablaría de nuevo con ello". Si se intenta un golpe, Chile será un segundo “Vietnam heroico”, dice. No dejando lugar a interpretaciones.

Se dice que Allende se angustió tanto al conocer ese discurso que permaneció con el rostro entre las manos por varios minutos. Por su parte, la Corte Suprema resuelve responder a la petición de desafuero de Altamirano (pedida por la Armada), el día 11 de septiembre
Las Fuerzas Armadas estaban preparadas para dar un golpe militar mucho antes de pensar en él. El ejército tenía «planes de contrainsurgencia», para el caso de que una subversión sobrepasase a las Fuerzas de Orden (Carabineros). Este plan consistía en dividir al país en diferentes secciones, estableciendo para cada una un plan de acción, dirigido en contra de la posible insurgencia. Este plan es la base prima de los golpistas, quienes sólo tuvieron que adaptarlo a las nuevas circunstancias.

El problema era el General Prats, que mantenía su lealtad al presidente y tenía a la guarnición de Santiago y al comando de institutos militares en manos de gente cercana (Generales Sepúlveda y Pickering).

Se tenía que adelantar el golpe para antes de fiestas patrias, porque si se retardaba mucho podía ocurrir otro tanquetazo, que permitiría limpiar de oficiales golpistas la plana del ejército. Pero cayó Prats, y Sepúlveda y Pickering renunciaron en un gesto de solidaridad. El nuevo comandante en jefe es Pinochet, del cual no se sabe si es o no golpista.

El día viernes 7 de septiembre los generales fijan el día D, el 11 de septiembre, y la hora H (6:30 horas en Valparaíso y 8:30 horas el resto del país).

El sábado se envía al general Arellano a hablar con Pinochet, le explica la situación y le dice que va a haber golpe va con o sin su apoyo, a lo que Pinochet responde: “¡Yo no soy marxista, mierda!” y golpea el sillón en que estaba sentado. El general Arellano interpreta su gesto como apoyo al golpe, y se lo comunica a Leigh y a Merino, mas todavía no hay nada claro con Pinochet.

El domingo en la mañana Allende se reúne con el comandante en jefe y otros generales. Allí les explica que pretende anunciar un plebiscito. Sería la última vez que se verían los dos protagonistas del golpe. Pasada la tarde, Leigh visita a Pinochet, quien (según el testimonio de Leigh), todavía vacilaba. Llegaron a la casa de Pinochet el contralmirante Sergio Huidobro y el capitán de navío Ariel González, venían para saber la posición del ejército.

Huidobro sacó un papel firmado por Merino que ratificaba el día D y la hora H, dirigiéndose a “Augusto” y “Gustavo”.

“Los saluda con esperanzas de comprensión. J.T. Merino.”
Y al reverso:

“Gustavo: es la última oportunidad. J.T.”
“Augusto: Si no pones toda la fuerza en Santiago desde el primer momento, no viviremos para ver el futuro. Pepe”
Leigh y Pinochet firmaron el documento. El Comandante en Jefe del Ejército se acababa de plegar al golpe, la suerte estaba echada
El 10 de septiembre, a las 16:00 horas, zarpa la escuadra, tal y como estaba previsto, ya que debe participar en las maniobras navales internacionales UNITAS. Mientras el Ejército se acuartela. La razón dada: el probable desafuero de Altamirano y Garretón el día 11. Este desafuero, según explicó Pinochet al Ministro de Defensa Orlando Letelier, podía causar disturbios, por lo que se hacía necesario el acuartelamiento.

En la madrugada del 11 de septiembre, la escuadra reaparece en Valparaíso y las fuerzas armadas toman la ciudad. El prefecto de Valparaíso, Luis Gutiérrez, realiza una llamada por el único teléfono que funciona en el puerto, el suyo (línea dejada libre a propósito por los golpistas), para avisar al subdirector de Carabineros, General Jorge Urrutia, que la infantería de marina está en las calles y ha empezado a tomar posiciones de combate. Urrutia telefonea al presidente, que se encuentra en su residencia de Tomás Moro. Allende, calmado, pide ubicar a Pinochet y a Leigh, pero son inubicables.

A las 7.15, Allende, en su Fiat 125, y el GAP se enfilan hacia la Moneda, llegan veinte minutos después.

Viste Allende una chaqueta de tweed y un pantalón marengo. Carga con un fusil AK-47 Kalashnikov y el GAP ingresa al palacio de gobierno dos ametralladoras y tres RPG-7, además de sus armas personales.

Paralelamente llega a esas hora Pinochet al comando de comunicaciones, un poco retrasado en la hora. Se organizan las redes de comunicaciones con las demás ramas de las Fuerzas Armadas, especialmente con Leigh, que se encuentra en la Academia de Guerra Aérea, y con Patricio Carvajal, que será el coordinador de todo el golpe.

Allende trata de obtener información sobre el movimiento, al no poder contactar a Pinochet exclama, "Pobre Pinochet, debe estar preso" . Sepúlveda, director general de Carabineros llega a la Moneda, y le asegura que Carabineros le seguirá fiel al gobierno. Lo ignora, pero Carabineros ya estaba controlado por los generales Mendoza y Yovane.

Allende emitirá a continuación su primer mensaje del día a la nación, en el que advierte la sublevación de un sector de la marinería. No llama al pueblo a las armas ni a la violencia, sino que a la prudencia.

A las 8.42, la “Cadena Democrática”, formadas por las radios Minería y Agricultura, emite la primera proclama militar. Allende debe hacer entrega inmediata de su cargo a la junta de gobierno, integrada por los jefes supremos de las fuerzas Armadas: Pinochet, Leigh, Merino y Mendoza (los dos últimos recién acaban de tomar las jefaturas supremas de sus ramas, Armada y Carabineros respectivamente).

La proclama decía:

"A partir de este momento damos paso a una red provincial y nacional de radiodifusión de las fuerzas armadas. Se invita a todas las radioemisoras libres a conectarse a esta cadena.:"

Santiago, 11 de Septiembre de 1973. Teniendo presente:
1°.- La gravísima crisis económica, social y moral que está destruyendo el país;
2°.- La incapacidad del Gobierno para adoptar las medidas que permitan detener el proceso y desarrollo del caso;
3°.- El constante incremento de los grupos armados paramilitares, organizados y entrenados por los partidos políticos de la Unidad Popular que llevarán al pueblo de Chile a una inevitable guerra civil, las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile declaran:
1°.- Que el señor Presidente de la República debe proceder a la inmediata entrega de su alto cargo a las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile.
2°.- Que las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros de Chile están unidos, para iniciar la histórica y responsable misión de luchar por la liberación de la Patria del yugo marxista, y la restauración del orden y de la institucionalidad.
3°- Los trabajadores de Chile pueden tener la seguridad de que las conquistas económicas y sociales que han alcanzado hasta la fecha no sufrirán modificaciones en lo fundamental.
4°.- La prensa, radiodifusoras y canales de televisión adictos a la Unidad Popular deben suspender sus actividades informativas a partir de este instante. De lo contrario recibirán castigo aéreo y terrestre.
5.- El pueblo de Santiago debe permanecer en sus casas a fin de evitar víctimas inocentes.
Firmado: Augusto Pinochet Ugarte, General de ejército, Comandante en jefe del Ejército; Toribio Merino Castro, Almirante, Comandante en jefe de la Armada; Gustavo Leigh Gúzman, General del Aire, Comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile; y César Mendoza Durán, General, Director General de Carabineros de Chile
Se le da también al presidente un ultimátum: si la Moneda no es desalojada antes de las 11, será atacada “por tierra y aire”. El ambiente en la Moneda es de tristeza, lo peor que podía ocurrirles estaba pasando. Carabineros retira las tanquetas apostadas frente a La Moneda y el personal se retira. Muchos reaccionan de forma violenta la proclama, la CUT llama los trabajadores a ocupar fábricas y fundos, organizar la resistencia y esperar instrucciones, con la esperanza de poder detener el “golpe fascista”, por medio de los cordones industriales. Allende, que da otro discurso, por el contrario no hace ninguna referencia a la lucha armada ni instrucciones a los líderes de la UP. Mientras un séquito de ministros aparecen y entran a conversar con el presidente para conocer su opinión. A pesar de las ideas de sacarlo, él es tajante con su idea de defender su puesto hasta el final. Los militares se contactan con la Moneda y le hacen la proposición de sacarlo del país, pero reciben una respuesta clara, Allende no se va a rendir. Pinochet se contacta con Carvajal, que le indica la negativa del presidente a rendirse:

Carvajal: yo hablé personalmente con él, le intimé rendición en nombre de los comandantes en jefe. Eh... Contestó con una serie de garabatos, no más.
Pinochet: O sea, quiere decir que a las 11, cuando lleguen los primeros pericos... Vai a ver lo que va a pasar. ¡A las 11 en punto se bombardea!
Carvajal: Cuando se evacue la Moneda va a ser más fácil asaltarla.
Pinochet: Una vez bombardeada la asaltamos con el Buin y con la escuela de infantería. Hay que decirle a Brady.
Carvajal: Conforme. Vamos a esperar no más que evacúen los edecanes y los carabineros.
Pinochet: Conforme.
A las 9.55 los tanques del general Palacio ingresan en el perímetro de La Moneda, hacia poco que se desató el fuego. Francotiradores apostados en los edificios aledaños los tratan de repeler, y se inicia la balacera, pero La Moneda aún no era atacada. A las 10.15, a través de Radio Magallanes (la única pro-gubernamental aún no silenciada), Allende emite su último mensaje a la Nación:


Estatua de Salvador Allende frente al Palacio de la Moneda“Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares… …el almirante Merino… más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.
“Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
¡Trabajadores de mi Patria!: Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección.
El capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, crearon el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señaló Schneider y que reafirmara el Comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando, con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios...
...Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, la seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
¡Trabajadores de mi Patria!: Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! , ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores!
Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”
A las 10.30 los tanques abren fuego contra la Moneda, les siguen las tanquetas y los soldados, fuego que es respondido por los miembros del GAP y francotiradores apostados en los edificios aledaños.

Carvajal se comunica nuevamente con Pinochet, informándole de la intención de parlamentar:

Carvajal: me acaban de informar que habría intención de parlamentar.
Pinochet: no, se tiene que ir a la Moneda él con una pequeña cantidad de gente.
Carvajal: ...se retiraron, pero ahí...
Pinochet: ...al ministerio, al ministerio...
Carvajal: que se está ofreciendo parlamentar.
Pinochet: Rendición incondicional, ¡nada de parlamentar!, ¡Rendición incondicional!
Carvajal: Bien, conforme, rendición incondicional, y se le toma preso, ofreciéndole nada más que respetarle la vida, digamos.
Pinochet: La vida y la integridad física, y en seguida se le va a despachar a otra parte.
Carvajal: Conforme. Ya... O sea que se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país.
Pinochet: Se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país. Pero el avión se cae, viejo, cuando vaya volando.
Carvajal: Conforme... conforme. Vamos a proponer que prospere el parlamento.
A las 11.52 los aviones Hawker Hunter inician su ataque a La Moneda, disparando en cuatro oportunidades sus cohetes sobre la casa de gobierno, el daño causado es devastador. Otros dos aviones bombardean la residencia presidencial de Tomás Moro, a la sazón defendida por los miembros del GAP que no alcanzaron a llegar con Allende.

El ataque prosigue al palacio de gobierno con el uso de gases lacrimógenos, pero al ver que La Moneda todavía se negaba a rendirse, el general Palacios decide tomarla y envía a un grupo de soldados a derribar la puerta del palacio, son las dos y media de la tarde.

Dentro le gritan a Allende: ¡Presidente!, ¡el primer piso está tomado por los militares! ¡dicen que deben bajar y rendirse!.

El presidente dispone rendirse: ¡Bajen todos! ¡dejen las armas y bajen! Yo lo haré al último.

Entonces, según el testimonio de uno de sus doctores, Patricio Gijón, que regresó para llevarse su mascarilla antigas ("de recuerdo", dice), Allende grita ¡Allende no se rinde, milicos de mierda! y con el fusil AK-47 que le había regalado Fidel Castro se dispara en la barbilla,("Más de un disparo, y menos de una ráfaga", según su testimonio), explotando la bóveda craneana y muriendo al instante.

Palacios entra en el salón Independencia, y se encuentra con Allende y el doctor Girón. Reconoce al presidente por su macizo reloj Galga Coulde. Llama al oficial de radio y entrega su escueto informe: “Misión cumplida. Moneda tomada, presidente muerto".

A las 14.38, Carvajal le informa a Pinochet y a Leigh: "Hay una comunicación, una información de personal de la Escuela de Infantería que está ya dentro de La Moneda. Por la posibilidad de interferencia, la voy a transmitir en inglés: They say that Allende commited suicide and is dead now."

Se declaró el toque de queda en todo el territorio nacional a partir de las 15 horas del 11 de septiembre de 1973, se permitió a los civiles previo control abandonar el centro de la ciudad y dirigirse a sus casas. Inmediatamente las instalaciones de Radio Agricultura y Magallanes fueron silenciadas y sus operadores detenidos. Los diarios El Clarín y otros fueron allanados y sus prensas destruidas.

En las zonas rurales se detuvieron a muchos dirigentes de la Reforma Agraria, muchos fueron ejecutados en el lugar de detención. La colonia alemana benefactora Villa Baviera, ubicada en la zona central, sirvió como centro de detención y lugar de desaparición de muchos activistas de la UP.

Cientos de miles de pro-allendistas tomaron aquellas especies, registros, carné de partidos, libros y propaganda comprometedora y se deshicieron de ella enterrándolas, quemándolas o botándolas a los cauces de ríos. Se declaró ilegal y proscrito al Partido Comunista y Socialista; los partidos Nacional, Democratacristiano y Radical fueron suspendidos cuando se disolvió el Senado. Se conminó a todos los ciudadanos a entregar sus armas de fuego en las comisarías de Carabineros.

Se instó a denunciar a aquellos traidores a la Patria, como decía el comunicado militar denunciándolos ante las comandancias y cantones. Se publicaron bandos que instaban a la población a delatar a los líderes más prominentes de la U.P .tales como Carlos Altamirano, Claudio Orrego, Volodia Teitelboim, José Tohá y otros.

Se llamó a aquellos que tuvieran cargos y representatividades de grupos sociales a entregarse a las comisarías para regularizar sus situación. Se detuvieron a miles de personas y fueron conducidas el Estadio Chile y luego al Nacional, a aquellas personas que fueron llamadas a viva voz y respondieron de entre la multitud fueron ejecutadas en el mismo lugar, como es el caso de Victor Jara.

En la Universidad Técnica del Estado, militares hicieron allanamientos y ejecutaron a decenas de estudiantes combatientes en las mismas aulas. Muchas ejecuciones fueron hechas a la bala en fila. Fueron allanadas las fábricas, las reparticiones públicas y las mineras forzando a los trabajadores a seguir laborando y manteniendo la producción en marcha. En muchas fábricas se realizaron detenciones de todos los sindicalistas y representantes de gremios de la Unidad Popular.

Comerciantes y dueños de supermercados pro-golpistas abrieron sus negocios y entregaron mucha mercadería retenida y que había provocado el desabastecimiento en los últimos meses de la UP. Las poblaciones populares tales como La Legua, La Victoria y San Ramón fueron allanadas y sus pobladores detenidos en masa. En la Villa La Reina se produjeron ejecuciones sumarias a aquellos líderes que se sorprendieron ocultos. Durante todo el día y la noche y toda la semana se escucharon disparos de ametralladoras en distintos puntos de la capital.

Miles de perseguidos políticos corrieron a asilarse a las embajadas de gobiernos amigos de la Unidad Popular, como es el caso de Suecia, Italia, Canadá, Australia, Dinamarca, URSS y Cuba.

Como un hecho curioso, Radomiro Tomic, segundo candidato con mayoría de votos en las elecciones de 1970, se ofreció en repetidas oportunidades a Pinochet para que lo instalara en el sillón presidencial vacante; fue discretamente rechazado. De este modo empezaba una política de represión en la sociedad chilena que duraría por 17 años.